Antonio Vega

Antonio Vega, el sitio de mi recreo

Desempolvando viejos discos me encuentro, es una tarde oscura, aparentemente fría, pero es asfixiante el calor que desprenden las nubes, castigándonos a todos desde lo alto de su arrogancia. Me han sorprendido discos que ni tan siquiera recordaba tener, alguno me ha alegrado la tarde, de otro me ha avergonzado el solo hecho de haberlo comprado en algún tiempo anterior, probablemente cuando intentaba encontrar mi camino en el deslumbrante y mohoso universo de la música. Cuando parecía que las sorpresas habían acabado, cuando las gotas de sudor resbalaban por mi frente como un joven con acné en un tobogán de Aquópolis, en ese momento encontré Océano de sol, el segundo disco de Antonio Vega en solitario, que en un julio rabioso y colocado del 94 vio la luz.

Enciendo mi tocadiscos comprado en unos grandes almacenes no hace mucho tiempo, el antiguo falleció hace muchos años cansado de trabajar y de ser maltratado por unos mocosos sin ningún respeto hacia él. Quito el protector de la aguja, la bajo, suenan unos chasquidos, ¡Hermosos chasquidos!, comienza. Me detengo en ‘Elixir de juventud’

Del elixir de juventud, bebimos juntos prometiéndonos la vida…

Y me enreda, ya estoy enredado, perdido en esas letras a la vez tan misteriosas y tan claras. Con esa voz, esa voz de vagabundo como sacada de un libro de Jack Kerouac.

Me enciendo un cigarro, me quedan dos, dentro de poco tendré que bajar a comprar. Mientras apuro los cigarros que aún aguardan su final en el abollado paquete, sigo disfrutando de esta tarde soporífera.

He encontrado la manera de actuar sin justificación, agarrado a la quimera de no estar vendido al corazón. Y el mundo parece algo mejor después de esto, aunque sólo sea por cinco minutos.

La tarde comienza a desaparecer, la noche ha venido con ganas de guerra, le toca fichar y nunca llega tarde. Entre una pila de discos y la voz de Antonio termino con el último superviviente del paquete de tabaco, le doy una calada, dos, tres, me inunda un gran sentimiento de paz con el mundo y con todas las personas que en cualquier momento de mi vida pude conocer, ¿el sitio de mi recreo? Lo podríamos llamar así, ¿por qué no?

Donde nos llevó la imaginación, donde con los ojos cerrados se divisan infinitos campos…

Sobre Ruben Ortiz

Nacido en Madrid. En ocasiones escritor, Espíritu Endémico (2016), su primera novela. En otras, voz/guitarra en el grupo de rock/blues Falconetti. Inventando historias desde 1986. Ahora, colaborando para La Sexta Cuerda.

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