Amaral Marenostrum
Marenostrum Fuengirola

Crónica | Amaral en Fuengirola

Danny Zuko y Sandy Olsson tenían claro que cuando llegaba el frío, las aventuras veraniegas tocaban a su fin. Esas ‘Summer Nights’ en las que nos creemos los reyes del mundo, con la luna llena siendo testigo de cómo nuestras sonrisas son verdaderas y de que realmente estamos haciendo lo que deseamos: pasar un buen rato en un entorno envidiable con música en directo y olvidarnos aunque sea por un momento de esta realidad que nos ha tocado vivir.

No decimos nada nuevo al afirmar que en las tripas del Castillo Sohail todo está medido con una exactitud y una responsabilidad excelentes. Si por algo estamos disfrutando de conciertos en este año 2020 que recordaremos por el resto de nuestras vidas, es por labores como la del Marenostrum Edición Limitada. Control exhaustivo del aforo, salida escalonada a la finalización… Estas labores y muchas más hacen sencilla y llanamente que nos sintamos seguros en todo momento.

El turno en la noche de ayer, tras los conciertos de Efecto Mariposa, Antílopez, Sidonie y Loquillo, entre otros, fue para un dúo que conocemos como la palma de nuestra mano. Los nombres de Eva Amaral y Juan Aguirre retumban con fuerza en la cabeza de cualquier melómano. Desde el lanzamiento, allá por el año 1998, de su primer disco, Eva y Juan fueron buscando su sitio en la industria musical a base de trabajo y un poco de cabezonería, algo necesario si realmente quieres vivir de este mundillo.

Dos guitarras acústicas fueron más que suficientes para que la velada resultara deliciosa. En crudo, como se dice en la jerga musical. Señales El Universo sobre mí fueron las que primero sonaron en el cielo oscuro fuengiroleño. «Muchas gracias por apoyar la música en directo. Este concierto es muy especial porque antes del confinamiento tocamos en Málaga. Estos conciertos están preparados con toda la ilusión del mundo», espetó Eva antes del cambio de guitarra a una eléctrica estilo Gretsch. La preciosa Cómo hablar hiciera que se escapase alguna lágrima entre los que nos dábamos cita en este paraje tan singular.

Posiblemente nadie dude de que la voz de Eva es un regalo para los oídos. Cada nota, cada palabra, es lo que hace que nos quedemos boquiabiertos un buen número de veces. Con Ondas Do Mar de Vigo este sentimiento de unidad quedó patente. Una delicia. «Os vemos sonreír con los ojos». Seis palabras que han cobrado el significado que antes de esta pesadilla desconocíamos. Y es que, sí, es posible mostrar nuestra felicidad con las bocas tapadas. En eso precisamente recae la magia de esos movimientos involuntarios pero igualmente efectivos.

El primer encore dio comienzo con Tardes, cantada de principio de a fin por Juan Aguirre. Más de lo mismo: una voz más que especial, capaz de llenar la longitud de un estadio entero. Sin ti soy nada estuvo dedicada a todos y cada uno de los que hacen posible que un concierto salga adelante. Está claro que sin vosotros no somos nada. Ruido Salir corriendo fueron las últimas canciones de un setlist elaborado con muchísima atención. Una ‘summer night’ en la que quizás no fuimos a jugar a los bolos ni bebimos limonada como Danny y Sandy, pero sí que fue una de esas que quedarán fijadas en nuestra memoria para siempre. ¿Te acuerdas de ese verano del 2020 en el Castillo Sohail?

Sobre Mario de Jaime

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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