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Crónica | Desvariados en Madrid

Crónica: @marioodjm

Reportaje fotográfico: @victorfrutos_foto 

El rock and roll se puede reflejar de múltiples formas. Ya sea en el atuendo que lleve cada cual, en la música que se escucha cuando se abre la aplicación de música preferida o en el póster de Elvis que comanda el salón de casa. Lo importante es desprender esa rock and roll actitud que Loquillo enseñó a todos los que se vieron embrujados un buen día por el ritmo diabólico que desprende el sonido junto de un bajo, una guitarra y una batería. Puede parecer desde fuera que es un género que arrastra desde hace años una escasez de seguidores a lo largo y ancho del globo. Que la llegada de nuevos ritmos lo ha aparcado en un garaje cual coche clásico de la década de los 70. Y, por mucho que lo mezclen con reclamos comerciales y lo repudien como a un virus contagioso, siempre vuelve a perderse por los bares y vuelve a levantarse haciendo ruido.

Resulta evidente que el empuje del rock and roll no podría ser posible sin la aportación de bandas que tengan entre ceja y ceja llevarlo de nuevo al olimpo de la música. Que todo vuelva a ser como hace 30 años, cuando cualquier riff de guitarra eléctrica era aprendido e imitado a la velocidad del rayo. Hágase el rock, como bien decía el bueno de Bon Scott. Y, aunque los años pasen, siempre existirán ese tipo de bandas que hacen viajar al respetable a la época dorada del género en cuestión. Ahí van un par de pistas: son de Carabanchel y han salido de gira con los míticos Burning. En efecto, son Desvariados, un cuarteto que solo busca repartir un buen chute de energía allá por donde pasan.

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Víctimas del sueño americano, su segundo trabajo, supuso claramente un salto de calidad y popularidad. Si Café Caimán, su disco de debut, ya dejó a más de uno con la boca abierta, el que vino después es la consagración. El inicio de algo grande. Tras el lanzamiento, vino una gira interrumpida por el maldito virus. Sin embargo, la paciencia también es una virtud. Dos años después, Madrid pudo celebrar por todo lo alto una noche de puro rock and roll. De chulería, pitillos y gafas de sol. La sala Copérnico fue el espacio elegido para ello. “Somos Desvariados y hemos venido a tocar rock and roll para todos”. Declaración de intenciones. Amplis a máximo volumen y al lío.

La canción que da nombre al disco abrió la velada. Últimos sorbos a las cervezas. Últimos bailes por la barra. Todo avanzaba a un ritmo endiablado. Valientes al volante fue la antesala de ese Desayuno fuerte que se necesita para aguantar el tirón. El de un vaso de tubo, cuatro dedos de ron, tres piedras de hielo y una rodaja de limón. Con el estómago lleno es más sencillo darse cuenta de que la vida de salón no es la que da la felicidad. Que buscarse un trabajo más normal y volver a madrugar no es un buen trato. Y que para dedicar una canción hay que sentirla de veras. Para qué gritar a los cielos Esta es para ti si lo que se anhela es seguir sumando kilómetros al contador. Escúpeme se antojó como ese juego piel con piel. Renunciar al sueño con tal de seducir a la persona que comparte tus días una última vez.

“Hemos descubierto que el blues es la polla. Y que la polla puede ser un blues”. Ellos dicen mierda y nosotros amén. Es bien sabido que si hay orgullo dentro, poco importa el vacío. Ya lo dice Evaristo. Para qué contradecirlo. No podía terminar todo sin que La chica de Dylan hiciera acto de presencia en Moncloa. “Deja que suene otra vez…”. La aguja que roza su piel. Y tampoco podía darse el final sin que ella se mueva por la oscuridad. A mil kilómetros transportó a la banda a sus inicios. A esas primeras maquetas creadas que significaron el punto de partida. Versos de Soy un macarra que defiende a ultranza Jorge Ilegal. Y últimos aplausos y sonrisas.

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La versión acústica de Todavía inició el principio del fin. Besa mi calavera puso punto y final al viaje por los entresijos del rock and roll. A una hora y media de guitarrazos a diestro y siniestro. Que pase lo que tenga que pasar. No hay miedo a lo que está por venir. El secreto es que no muera jamás tu rock and roll actitud. Que no lo olvides ni lo traiciones. Y que digan lo que quieran. Nunca ha estado tan vivo. A levantar esos cuernos y a dejar claro que la vida es mejor con aspecto chulesco y con una pizca de jactancia.

Sobre Mario de Jaime Moleres

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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