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Crónica | El Altar Del Holocausto: Oración y penitencia

“Esta es la ley del holocausto: el holocausto mismo permanecerá sobre el fuego, sobre el altar, toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar ha de mantenerse encendido en él” Levítico 6:9

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. El Altar del Holocausto nos ha recibido en su homilía de Iruña con el espíritu abierto y los brazos en señal de acogida. Es todo lo que los fieles necesitamos para abrir nuestra alma a la comunión de post-rock y doom metal practicada por EADH. Poco más necesitábamos para serenar nuestros pensamientos y aliviar nuestros pecados.

Bajo el altar, una oración advertía: “Este sagrado lugar es de oración y penitencia. Por caridad guarden silencio y decoro”. Éramos conscientes de que la sala Totem se había convertido por un momento en un lugar santo, una capilla de recogimiento místico y exaltación religiosa. Un templo para la pasión.

Una introducción ambiental fue dando paso al comienzo de la liturgia sobre un silencio sepulcral y expectante. “Amenra” lo rompió, en una especie de, Dios me perdone, bendición apóstata. Cual rito iniciático, los feligreses se fueron introduciendo en la ceremonia ante las llamadas constantes del hermano Skybite, para que estos se acercaran a las primeras filas, sin miedo a ser ejecutados en un limpio sacrificio a Dios, y en disposición de recibir la bendición del cuerpo sacerdotal de El Altar del Holocausto.

Así lo hicieron, listos para el trance orgiástico y musical, dialéctico, con multitud de búsquedas sonoras, de ambientes lúgubres y luminosos, que bajo una medida saturación de chorus y delay en ciertos momentos de calma, y de potentes guitarras de afinaciones graves y distorsiones profundas, en momentos de redención, hicieron elevarse a los fieles hacia estratos místicos de comunión cristiana.

Y EADH, como aquellos sacerdotes socialistas de los años 70, comprometidos con sus barrios de las periferias citadinas, con su pueblo, con la gente de su parroquia, no se olvidaron de “los trabajadores de la cultura”, siendo estas, sus únicas palabras durante toda la celebración, lo que da muestra de la importancia que le otorgan al sector cultural y a los trabajadores que lo construyen cada día para gozo y beneficio de todo el pueblo de Dios y de los que no tienen Dios.

La ofrenda  de recogimiento y expansión terminó con “Lucas I” antes de dar paso al último bis que puso punto final a lamentaciones y gozos. Pudimos salir de la Totem con la paz de Cristo y con la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que el postrock y el doom alivien vuestras almas pecadoras. Amén.

 

Sobre Diego Marín Roig

Diego Marín Roig. Profesor de Geografía e Historia, algo melómano y autor del blog "Entre Besos y raíces". Desde Euskal Herria y Aragón para el mundo.

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