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@sarabiramos

Crónica | El Jose en Madrid

Crónica: @marioodjm

Reportaje fotográfico: @sarabiramos

El arte andaluz puede verse manifestado de muchas maneras. Bien sea de forma culinaria (ese gazpachito o esas tostadas con aceitico y sal), o bien de manera social, con esa manera de ser tan particular de toda la gente del sur de España. Ocho provincias, cada una con su propios monumentos y costumbres, pero todas ellas subidas en un mismo barco. Ese navío en el que todos sus marineros pueden presumir de ser la tierra de Picasso o Camarón de la Isla. Aclarado el evidente encanto artístico, arquitectónico y escultórico de la región, hay que poner el foco en la ciudad de la Alhambra y la de Sierra Nevada. La Graná que ha enamorado a tantos y tantos visitantes que han paseado por sus calles.

Porque Granada es sinónimo de historia. De museos. De fiestas populares. Y también de una estrecha relación con la música en todas sus vertientes. Aquí aparece el protagonista de toda esta historia. Se hace llamar El Jose y siempre incluye en su atuendo un sombrero. Un chico que empezó en este mundillo, el de situarse debajo de un foco con su guitarra, sin más intenciones que pasar un rato agradable cada fin de semana. Lo que era difícil de imaginar es que, pasados unos años, llenara las salas de todo el país. Todo ello está siendo posible gracias a una gira extensísima que dio comienzo el 4 de febrero el Córdoba y que anoche tuvo su décima parada en la sala Caracol de Madrid.

Llenazo absoluto. Éxito rotundo. Aquí podrían terminar estas líneas. Pero habrá que centrarse en lo que fue ocurriendo según iban pasando los minutos en el interior del local localizado a escasos metros de la parada de metro de Embajadores. El Pau fue el primero que propició la apertura del telón. Literalmente. “¡Buenas noches, guapísimos y guapísimas!”. Algo más de media hora en la que el artista catalán dio rienda suelta a su buen rollo y a la intención de ir calentando al personal. Luna, Pal’ polígono o Infinito sonaron por los altavoces de la Caracol mientras se producían los primeros bailes y lo primeros movimientos de pie.

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El telón se cerró de nuevo para posibilitar una visita fugaz a la barra. La batería se hacía oír. Y a la hora programada, bingo… Acento de Graná abrió la veda. “¡Qué maravilla, Madrid!”. La banda al completo en el escenario. “Voy a inventarme un camino…”. Canto dejó patente que las calles están hechas para que esa persona tan especial pueda pasar por ellas. Que no se vean las mierdas de perro ni las basuras por el suelo por la ceguera del que todo lo ve de color de rosa gracias al poder del corazón. Y si el mundo es mejor estando bajo el paraguas del amor, también lo es si por fin se acepta que es un lugar si en él hay Problemas. Al fin y al cabo, sería todo un poco aburrido sin el drama diario, ya sea la crisis de los 30, que no venga la regla o que no vaya el Wifi.

La noche avanzaba y los aplausos se potenciaban. Blanca La Almendrita pisó las tablas para interpretar Las cosas que nun. Vestido negro y mucho arte. Para qué más. Y El Pau hizo lo propio con Orillita. A medida que los años pasan, es normal observar cómo las ilusiones se van desvaneciendo y cómo los sueños de la infancia se van sustituyendo por la comodidad de la rutina. Una de las claves de la felicidad es en querer ser un niño o una niña para siempre, en no querer ser mayor. Todo sería más sencillo de asimilar. Respirar el aire fue el tema elegido para el primer paso por el backstage. Breve descanso y al lío por segunda vez.

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Una silla puesta en medio del escenario. Una voz y una guitarra. Suficiente para darse cuenta de la relevancia de la salud mental. Me falta algo enseñó a los presentes que tener buena suerte y nunca fingir una sonrisa no siempre es el la ecuación perfecta para disfrutar de un bienestar pleno. “Echo de menos algo, y no sé qué es…”. Lo que está claro es que el mencionado bienestar no se va a encontrar Haciendo cola en el Primark. Que cada cual reflexione. Y así se llegó “a la última canción, pero no por ello la menos importante”. Basta ya de vivir en mundos de muñeca. De pedir siempre permiso. Pedídselo a vuestros ovarios. “Si algo te ciega, son las llamas de la hoguera feminista”. Una Epístola feminista que puso los cosas en su sitio, le pese a quien le pese. El arte andaluz tiene el poder de cambiar la historia. Y seguro que pillará a más de uno tomando una tostaica con aceite y sal. Que así sea.

Sobre Mario de Jaime Moleres

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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