Música en Twitch
@espe_dm

Crónica | Festival Mad Cool 2022

Crónica: @marioodjm

Fotorreportaje: @espe_dm

Los macrofestivales vuelven a estar encima de la mesa. Y, con ello, las llamadas y los whatsapps preguntando: “¿Dónde estás, que no te encuentro?”. Los selfies infinitos con el vaso en mano para presumir en las redes sociales. Y, si es posible, saltando y haciendo el gesto de paz con la mano, pues mejor que mejor. El festival Mad Cool se ha convertido en una cita mundial. Había momentos en los que uno no sabía si se encontraba en el Glastonbury, debido a la masiva presencia de público internacional. El cartel de esta edición -la última en el recinto de Ifema Valdebebas- supone un reclamo ineludible para todo melómano que se precie. Artistas de talla internacional, sí, pero otros tantos que no merecieron saltar al escenario en el momento en el que prácticamente la totalidad del público cantaba himnos como Psycho de Muse o Master of Puppets de Metallica.

Al observar los horarios, es prácticamente imposible acudir a los que previamente se había pensado. Una oferta amplísima de géneros, que se dividieron en siete escenarios repartidos por el inmenso recinto de conciertos. Un recinto al que no resulta sencillo llegar, puesto que, de la parada de metro de Ifema a la entrada principal del evento, había unos quince minutos andando. Todo ello no supondría ningún problema si la vuelta a casa fuera fácil, cosa que ni de lejos se consiguió. El resumen es el siguiente: Uber fue uno de los patrocinadores del festival y, gracias a tal privilegio, gozó de una ubicación excelente, justo enfrente de la salida. El problema radicó en que, finalizados los conciertos, la saturación y la demanda fue tremenda, haciendo imposible cumplir un servicio mínimamente aceptable. Y sin contar con los precios desorbitados que, según varios asistentes, denunciaron a través de las redes sociales.

@espe_dm

Dificultades y contratiempos aparte, la jornada del miércoles, la primera de todas, empezó pronto. Con un sol de justicia, a pesar de que cayeron algunas gotas a media tarde, un joven de 24 años llamado Yungblud se metió al público en el bolsillo con un directo potentísimo, en el que no paró quieto ni un solo segundo. Previamente, la banda británica Wolf Alice inauguraba el segundo escenario. Todo estaba ya en marcha. Mientras SFDK ponía patas arriba uno de los escenarios cerrados con su show gamberro y desvergonzado, Placebo actuaba ante la mirada de un público que no parecía contento con lo que se le estaba dando. Una simple pasada por ahí fue más que suficiente para darse cuenta de que el grupo londinense se encuentra muy lejos de su mejor versión.

@espe_dm

Música y más música. Pero todo el mundo estaba esperando a James Hetfield y compañía. Hay que ser sincero. Alrededor de las 21.30, Metallica abrió el tarro de la locura. Y la fórmula es sencilla: no cambiar apenas nada del espectáculo que llevan haciendo después de tantos años. Y qué más da. El cuarteto estadounidense puede (y debe) poner el piloto automático en la mayor parte de sus actuaciones. Se lo han ganado. Por supuesto que no faltaron himnos atemporales, como Seek and Destroy, Whiplash, Enter Sandman, One o una coreadísima Master of Puppets, que sirvió para cerrar un repertorio muy acertado, en medio de una escenografía que incluyó ráfagas de fuego y mucho, mucho desparpajo.

Segundo día. Segundo asalto. Todo comenzó con Amyl and the Sniffers alrededor de las 20.00 en el escenario contiguo al principal. Complicado no conocerlos, más que nada porque llevan de gira varios meses, pisando cada rincón del mundo. Después de girar por Europa con Weezer y Green Day, parece que le han cogido el truquillo a las tablas, dando un recital que recordaba sobremanera a Blondie. Una delicia. En uno de los escenarios secundarios, Playa Cuberris reunía a una cantidad muy reseñable de fans. El tiempo se comió su final de actuación, pero es de mención destacar que la carpa estaba llena hasta la bandera, a pesar de que Deftones estaba a puntito de saltar al escenario principal.

La organización del festival no pensó en que Imagine Dragons debería haber actuado en el primer escenario. Una masa ingente de personas se adueñó de todos los alrededores, haciendo imposible que la mayoría no pudiesen ver nada si no fuese por las pantallas gigantes que mostraban la actuación de los de Las Vegas. En todo caso, show muy correcto y sin ninguna pretensión, más que la de pasar un buen rato. Al escapar un poco de la masa, se encontró a Sigrid, quien estaba dándolo todo en el escenario 3. Una maravilla y un chorro de voz envidiable y delicioso. Una hora que a muchos les supo a poco.

@espe_dm

Todo parecía propicio para que The Killers reventara el Mad Cool. Y así fue. Algo más de hora y cuarto de una actuación que no ahorró en efectos especiales. Ataviado todo de negro, Brandon Flowers y compañía dio a su público lo que quiso. Himnos de estadio, que fueron coreados de principio a fin. Sin repetir ni un solo setlist de la gira europea en la que se están embarcando, el cuarteto de Las Vegas tocó lo que vino en gana. Y en el orden que les apetecía. No faltaron, por supuesto, Somebody Told Me, Human o la ya más que mítica Mr. Brightside. Apoteósico.

Y si nos referimos a himnos de estadio, qué mejor que destacar a Muse por encima de todas las bandas que abarrotan recintos de gran aforo cada fin de semana. Pero claro, hay un problema: cada gira tiene que superar a la anterior. Es la exigencia de unos fans que no se conforman con poco. Pasada la medianoche de la tercera jornada, Matt Bellamy y sus secuaces comenzaron su show vestidos con unas máscaras que ocultaban su rostro. Había ganas de baile. Y Muse sabe como nadie hacer que el pie se mueva solo y por inercia. Entre riffs de Jimi Hendrix y AC/DC, canciones que la mayoría se sabía al dedillo, como pudo ser el caso de Psycho, Starlight o Kill or Be Killed.

Y, antes de todo ello, música en directo para todos los gustos. Desde el folk de Phoebe Bridgers al rock alternativo de Incubus, pasando por el rock suave mezclado con el indie de The War on Drugs. Penúltimo día y últimas energías acabándose. Y fue aquí cuando vino el mejor concierto de todo el festival. Sin paliativos. El premio fue para The Struts, quienes reventaron una de las carpas del recinto. Decisión muy poco acertada de la organización, que decidieron poner a una banda que se puede decir que están alcanzando el olimpo mundial a una hora y en un espacio claramente equivocados.

@espe_dm

Ahí acabó lo reseñable de la penúltima jornada de conciertos, más allá de las actuaciones de Pixies y Kings of Leon, que se quedaron un poco cojas y no acertaron en llevarse al público a su terreno. Al contrario que Florence and the Machine, que inundaron el escenario principal de amor y de muy buen rollo. Una vuelta al Woodstock de 1969. Y si Florence supuso una vuelta a la cultura hippie, a la de paz y amor, Editors hizo que los que se dejaron ver a lo largo de su actuación, viajaran a los años más significativos del rock alternativo. A los de Pearl Jam, Nirvana y The Smashing Pumpkins. 

Y así llegamos al final de toda esta historia. A un domingo de calor insufrible que hizo ver a muchísima menos gente que en días anteriores. Aun así, hubo dos sorpresas que llamaron la atención de los curiosos: Ladilla Rusa y Chimo Bayo, quienes no estaban ninguno de ellos en el cartel oficial. Los últimos bailes y las últimas cervezas en el escenario del pachangueo, al que se unió el indie de St Woods. Y, en los escenarios principales, las últimas actuaciones: Sam Fender, Nathy Peluso y Natos y Waor. De nuevo, falló lo que ya se venía vislumbrando desde que se hizo público el orden de conciertos y sus respectivos escenarios. Tanto Two Door Cinema Club como La M.O.D.A. se subieron a las tablas de una de las carpas. Todo ello hizo que, como en anteriores días, el espacio se masificara.

Se vislumbró felicidad en los rostros. No era para menos. Las ganas de vivir regresan con fuerza. Y los festivales con ellas. Todavía quedan tres meses de verano, en los que se oirán por doquier las conversaciones telefónicas de “Dónde estás, que no te encuentro”. Los abrazos y los bailes entre amigos. Y que así sea por mucho tiempo.

Sobre Mario de Jaime Moleres

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *