Crónica | Gallos y Los Fesser en Madrid

En estos tiempos tan complicados para todos, es de admirar que tengamos una oferta de conciertos más que digna. Y es de admirar que tantas y tantas organizaciones se esfuercen al máximo para lograr el objetivo, que no es otro que ofrecer una vía de escape a todas las personas que deseen asistir a cualquier cita de música en directo. Es por ello por lo que no entendemos la razón por la que este tipo de eventos son cancelados, pospuestos o directamente prohibidos, siempre y cuando se cumpla con la normativa sanitaria vigente, claro está.

Con The Attic nos ocurrió precisamente eso. Una ubicación secreta que no supimos cuál era hasta el mismo día. La espera mereció la pena, porque el espacio no podía ser mejor: un espacio ajardinado a vista de pájaro para deleitarnos con un poco de música en directo. La tarde-noche pintaba muy bien. Precisamente la aportación clave para que todo saliera a la perfección fueron las dos bandas protagonistas: Gallos y Los Fesser. Sin ellos no podríamos estar hablando de The Attic, ni tampoco de las caras de felicidad que se veían a lo ancho y largo de la Calle Pinar madrileña.

Los encargados de romper el hielo fueron esos Gallos que en el mes de octubre se lanzaron a tocar en la mítica Sala Sol, poniendo la primera piedra hacia el éxito. Cuando escuchamos por primera vez su disco, titulado ‘Squirt’, nos invadió una energía imparable. Al fin y al cabo, lo de Gallos es “rock and roll en tu puta cara”. Eso sí, no decimos nada nuevo al afirmar que sin la presencia de ninguna guitarra eléctrica también se puede hacer rock and roll. Y vaya si lo hicieron los de Carabanchel. Intercambiando la acústica por la Strato negra, Nacho, vestido con camiseta de rayas rojas y negras, y compañía hacían que el pie se moviera por inercia.

Abriendo con Rockstar y terminando con la canción que da nombre al álbum, entre medias pudimos escuchar el blues delicioso que es Batalla Perdida y una versión muy diferente de la canción Gallo! pero no por ello interesante y digna a tener en cuenta. Algo menos de una hora fue suficiente para calentar motores, y para que Los Fesser también salieran con sus instrumentos a las espaldas para continuar la noche. Pero… ¡ay, amigo!

Lo que aconteció en los minutos posteriores no se lo podía imaginar nadie de los presentes. Se nos prohibió cantar, aplaudir y todas las acciones que hacen posible la conexión entre artista y público. No dábamos crédito, fue como chocarse contra una pared justo en el momento de alcanzar la velocidad de crucero. Sin embargo, tanto Los Fesser como la organización tuvieron claro desde el principio que, si algo nos enseñó Freddie Mercury, es que el show debe continuar. Siempre. Y así fue.

Sin micrófonos y sin amplificadores, pero con el apoyo de todos. Un corro alrededor de la banda y agitación de manos como aplausos. No era ni mucho menos lo planeado, pero ese nuevo toque nos gustó. Y mucho. Fue como volver a los años de campamento y al primer amor de verano, donde no hacía falta más que un par de canciones y amigos con los que pasar el rato alejado de casa.

Sin embargo, la razón por la que la satisfacción no era plena era muy sencilla: “esto no es lo que habíamos planeado”. Por lo tanto, este grupo que Madrid vio nacer, se puso manos a la obra para compensar a sus seguidores. Para que no terminaran la semana con una sensación agridulce. Y así llegamos al siguiente capítulo de esta historia, cuando Carlos, Alberto y Christian se subieron a las tablas de la sala Moby Dick para dar ese concierto que nunca debió ser recortado ni retocado.

Con un estadio Santiago Bernabéu patas arriba siendo testigo de todo, la segunda jornada (quién lo diría) de The Attic arrancó como debía haber sido el martes: amplificadores enchufados y ganas de cantar. A eso ayudó el ‘Give it Away’ que sonó por los altavoces la sala instantes antes de que el trío saliera al escenario. Eso era precisamente lo que todos nos merecíamos. “Ha sido todo una locura, pero estamos aquí por vosotros”. Con un setlist variado, en las que se incluyó canciones tanto de su primer disco, ‘Japón’, aún como La Banda de Fesser, como de ‘Doble o Nada’, su lanzamiento más reciente, asistimos a la segunda parte de esta historia. No siempre se cumple el dicho que reza que segundas partes nunca fueron buenas. En este caso lo fue. ´

Tras ‘Si la música es ruido’, canción que dio sentido a todo lo vivido, pudimos quedarnos de piedra y al borde de la lágrima cuando los acordes de ‘Agua’ de Jarabe de Palo sonaron durante unos minutos. Qué legado has dejado Pau… De esta manera pudimos acabar lo empezado. “Si la música es ruido se arrepentirán cuando estalle el silencio en sus oídos”. Tengamos claro una cosa: nunca estallará el silencio si todos los que amamos la música nos unimos para que suene en parques, salas y en todo espacio público. Al fin y al cabo, la cultura es la que nos ayuda a ser felices y a ver la luz al final del túnel. Nunca nos callarán.

Sobre Mario de Jaime

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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