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Crónica | Green Valley en Málaga

Quién nos iba a decir que el día de Todos los Santos nos tenía reservada una cita con el reggae, con las rastas y con las gorras de visera plana. Casi a contrarreloj tuvimos que cambiar el maquillaje de Joker, si bien es cierto que más de uno alargó la noche de Halloween unas horas más, por nuestro vestuario favorito para cualquier evento musical que se precie. Porque el Bajo la piel Tour llegaba a Málaga con las ganas y las fuerzas intactas. Parte de culpa la tiene un quinteto llamado Green Valley, aquel que ha devuelto a la palestra el género reggae como pocas más bandas han hecho en la historia, exceptuando, claro está, a los míticos The Wailers.

Con una Sala París 15 casi a mitad de aforo, el DJ Carlos Kase fue el encargado de que la fiesta se fuera animando y que los recién llegados se animaran a pedir en la barra el primer mini de cerveza. Pudimos escuchar temas conocidísimos de artistas como Señor Wilson o Iseo & Dodosound. «Que levante la mano quien conozca a Iseo». Incluso hubo tiempo para que se le dedicara una canción a una pareja de recién casados y para la participación de uno de los miembros de la banda malagueña Malaka Youth. «Enseguida os dejamos con Green Valley, o lo que es lo mismo, un valle verde de amor y buenas vibraciones».

Las puertas del paraíso se abrieron de par en par para todos los que, ya sí, daban color a la sala. Eran muchos los que esperaban con ansia el momento de que la mezcla de músicos catalanes y vascos se subieran al escenario. Es más, varios de los presentes ya habían visto a la banda protagonista con anterioridad. Resulta sencillo, no obstante, porque Green Valley lleva ya varios meses girando por cada rincón, poniendo como ejemplo el festival Madrid Salvaje que os contamos el pasado mes de septiembre.

Saliendo desde las sombras para acompañar al solo de batería inicial, y casi sin un segundo para respirar entre canción y canción, Ander Valverde fue el primero que soltó las palabras mágicas de «Buenas noches Málaga». Y si a eso le sumamos las letras más que positivas que escuchamos durante todo el concierto, esas casi dos horas que pasamos en la Calle Orotava fueron más eficaces que una mañana entera en la consulta del psicólogo. Si no era una historia con final feliz, era un canto de bienvenida para todos aquellos que se juegan la vida cruzando el océano en busca de una vida mejor.

La unión del público con la banda era más que evidente, si bien es cierto que no se notó de veras hasta que nadie se opuso al juego de vocear las letras que aparecían en la pantalla. «Si yo digo Green, tú dices… ¡Valley!». Tras presentar el nuevo disco que da nombre a la gira, el turno le llegó al tema No me voy a rendir, el tema más coreado hasta el momento. Pero claro, todavía quedaba en el tintero Si no te tengo, con un estribillo que nos sabemos de memoria: «Quisiera ser tu bastón al caminar…». Todos los presentes cogidos por los hombros y gargantas a punto de darse por vencidas.

«Esta canción que van a tocar ahora la hicieron con SFDK, ¿lo sabías?». Para que luego digan que no se aprende yendo a conciertos. Con la formación de un pogo al que cada vez se iban sumando más participantes en busca de juerga, asistimos a una especie de concurso de talentos televisivo. «Quiero que me mostréis vuestras habilidades especiales». Imaginación al poder y fuera vergüenza. Y de esta manera, no sin antes contar con la colaboración del incombustible Little Pepe, se llegó al final del bolo, en donde se aparcó el lema de «cantando y saltando» por el sosiego y la serenidad que nos dan una voz limpia, sin innecesarias mejoras, el sonido de una guitarra española y que los protagonistas de la noche se mezclen con los que están abajo. Pura placidez.

Sobre Mario de Jaime

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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