Kase.O

Crónica | Kase O en Muelle 12

Redactor: Alejandro Picó Peinado

Fotografía: @esthernudo_

Tributo a Mr. Ibarra 2021

Son las 20:30. La Plaza del Mar rebosa actividad. Hombres, mujeres, chavalas y chavales se congregan para iniciar una peregrinación hacia el puerto. Aunque es viernes, no van ni al Budha ni al casino. El fin de trayecto es el Muelle 12 donde un tal Javier Ibarra se dispone a soltar unas barras. El ambiente permite viajar al pasado. El regreso a los noventa se hace más palpable a medida que va llegando gente. Los jóvenes no fallan en su conjunto: sudadera oversize, pantalones anchos y unas Jordan. Los adultos, tampoco. Chupas de cuero y camisas de cuadros abiertas se ven por doquier. Y el olor, ese característico del cigarro de la risa. Todo está preparado para que su santidad inicie el espectáculo.

Kase O Violadores

Comienza contento, feliz y completamente ido. Típico en él. Desde el minuto uno se deja llevar por el escenario perfectamente acompañado de su fiel banda: Los magnéticos -no ha cambiado desde hace diez años-. Ibarra está de gira con su disco Jazz Magnetism. El inicio cautiva, mucho. Kase fluye acompasado por el jazz. Cada movimiento concuerda exactamente con el tempo de la base. Entre los fotógrafos se escucha: “qué difícil es hacerle fotos, no deja de moverse”. Y es que eso es lo que transmite. Hace que la gente se transporte hacia su universo.

El público parece que comienza un poco desconectado, pero no. Ese es un de los secretos de Javi: no hace falta que cante para saber que está ahí. La gente baila, fluye al mismo tiempo que el artista y disfruta, disfruta mucho. Los más forofos se las saben todas, cantan hasta la Intro. Los menos, se dedican a bailar y olvidarse de todo. La primera media hora es tranquila. Kase reparte amor hacia su gran amigo Nach, quien es de Alicante, e invita a Jaloner -también de aquí- a que cante una canción. La temática es sociedad. Jaloner hace que veas sus miedos sobre la privacidad. Cree que lo que para nosotros son móviles, para él son micrófonos. Odia al capitalismo y la gente se lo compra. El público se pone en pie.

40 minutos de concierto y deja a un lado el jazz. Comienza una base oscura y tenebrosa que hace el silencio entre el respetable. En ese momento, el artista abre una brecha en su corazón y suena Bécquer. Está poseído. Su cuerpo no fluye con la base, sino con las frases. Rapea y son sus movimientos quienes transmiten la música, es como si la base no hiciese falta. Así es él. La multitud comienza a entonarse y a cantar de manera tranquila, sintiendo cada barra como suya, haciendo de Bécquer su himno con el que adentrarse en lo más profundo de sus corazones y, de repente…

Vuelve el jazz. Kase sabe cuando meter esta canción y lo hace a las mil maravillas. Que no hay alcohol levanta a todo el público. Desaparece la oscuridad y vuelve el jolgorio. A medida que avanza la canción los fanáticos comienzan a ponerse de pie. Todos bailan, absolutamente todos. Es una base mágica, aunque no la mejor. Queda un 10% de energía en el aire que se encontraba perdida, sin dueño.

Conforme acaba la canción parece que la gente va a volver a tomar asiento. Sin embargo, por uno de los altavoces suena: “nena tú eres un desliz, una locura un error”. Indudablemente, nadie se sienta. Los fotógrafos disparan, la gente baila, los que escribimos cerramos la libreta y nos dejamos llevar. Se podría decir que hemos llegado al punto en que Esto no para.

Con Mazas y catapultas todo se vuelve loco. No importa nada, ni nadie, solamente una base y una letra. Esa es mi definición. Acaba el tema y la gente quiere más, pero el rapero sabe como contener a las masas. Inexplicablemente comenta que se va a dormir, que a ver si lo consigue ya que nunca le ha salido. Y volvemos al jazz. Ahora sí suena la mejor. Boogaloo empieza con la base. Kase no hace acto de presencia. Un minuto y medio de música y el público cantando. Coincidiendo con la hora de concierto, 23:00, se oye: “yo no puedo estar sin ti”.

Cierra El Círculo con su público. Es su Outro hacia sus fieles que lo acompañan día a día.

Acaba “Boogaloo” y deja de cantar. La base sigue sonando pero él se dedica a hablar. Odia la radio de ahora, la describe como “inescuchable”. Critica el reguetón de una forma clara. Es tan descarado que sostiene que los supuestos reyes del perreo no le aguantan uno ni a él ni a su banda y claro, la gente enloquece. Todos están de acuerdo. Es el momento exacto para aprovechar y dictar sentencia. “Ni toros ni reguetón en horario infantil”, y se queda tan ancho. Es el mejor. Entre discurso y discurso anima al público con su pegadizo “tu estilo es como el sol”. Se acuerda de todos los trabajadores, absolutamente de todos. Habla de la libertad, sobre todo de la de las mujeres. Acaba su speech con esta frase: “amor para todos”, y continúa la fiesta.

23:30 y salta al círculo para repartir arte, porque esa es su cualidad. Es capaz de llevarte de lo cotidiano hasta otra realidad. Y lo hace muy bien. La gente ya está totalmente ida. Él lo sabe. No le hace falta una canción extremadamente sonora. De hecho, Repartiendo Arte no lo es, pero mantiene a la gente enchufada. De nuevo, se vuelve a cerrar la libreta y disfrutamos. Su métrica es increíble. Es una obra de arte que aparece y desaparece. Es el movimiento de las cabezas cada vez que entrelaza dos o tres, o las que le dé la gana.

De pronto, el arte se acaba y se oye a un andaluz por los altavoces. Tiene una voz muy característica y la gente se da cuenta. Es Zatu pero, para lamento de todos, solamente es su voz grabada. Él no está presente, aunque sí su Ringui Dingui. Es el broche de plata a un concierto mágico. La locura es ingente. Nadie entiende nada, ni hace por entenderlo. El público se dedica a cantar y a vibrar y a bailar. Se graban vídeos, se ríe, se puede volar entre el respetable. Todo está acabando, o eso parece.

Suena Tiranosaurius Rex, pero la gente necesita algo más. Algo con lo que poner el oro a ese broche anteriormente mencionado. La banda se va del escenario, Kase también y el público se apaga. Pero vuelven, vuelven con amor porque: “cuanto más amor das, mejor estás”. El Renacimiento del público es visible y transcurren cuatro minutos de gozo. La generación de Violadores del Verso junto a la de El Círculo. 20 años les separan pero, en esa distancia, se encuentra un nexo de unión y se llama KASE.O.

Kase O Ringuidingui

Violadores del Verso

Sobre Esther González Román

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