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Crónica | Kiko Veneno en Bilbao

Corría el año 1973 cuando un joven nacido en Figueras y criado en Sevilla descubre el flamenco. Hasta aquí todo normal. Lo anómalo radica en que nuestro protagonista se encontraba a más de 9000 kilómetros de su casa. Concretamente, en San Francisco, ciudad que vio nacer a grupos como Jefferson Airplane, Santana o la mítica Steve Miller Band. José María López Sanfeliu, o Kiko Veneno, como todos le conocemos, conoció en Estados Unidos a una persona de Morón que le cambia la vida. Para que luego se diga que el mundo no es un pañuelo. O una caja de bombones, como decía Forrest Gump. Y de esta manera, Veneno conoce a un tal Raimundo Amador, quienes, con ayuda de su hermano Rafael, forman un grupo llamado de forma homónima.


Los años pasaron. Y las noches en las tablas se multiplicaban. Casi cuarenta años después, Veneno continúa siendo ese chico amable, risueño y entusiasta. El mismo que sabe cómo contagiar la felicidad a propios y extraños. El concierto de anoche en la sala BBK de Bilbao formó parte de una mini- gira que el andaluz se encuentra realizando para presentar su último trabajo: ‘Hambre’, su undécimo disco en solitario. Aunque, eso sí, ello no impide que Kiko lleve consigo a una banda que se merece todos los elogios. Teclado, batería y un par de guitarras son más que suficientes para dar en el clavo de la originalidad y el buen rollo.

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Pasados veinte minutos de la hora prevista, Veneno saltó al escenario acompañado de su fiel guitarra española para interpretar ‘Felicidad’. Manos en la frente oteando uno de los primeros llenos post- pandemia en tierras bilbaínas y un aplauso generalizado como punto de partida. «La felicidad es la raya que hay que atravesar…». El sonido de la guitarra y el teclado dejó paso al resto de la banda para que sonara ‘Lobo López’, uno de los temas más coreados de la tarde noche a orillas de la Gran Vía de Bilbao. La energía iba en aumento. Y las ganas de pasarlo bien. ‘Los delincuentes’ significó la imposibilidad de mantenerse quieto en la butaca.

«Me he enterado de que palmas andáis muy bien». No se llegó al nivel de la Feria de Sevilla, pero al menos se intentó. El mencionado tema que da nombre a su último disco precedió a un ‘Autorretrato’ que nos definió de un modo certero y detallista al tipo se encontraba encima del escenario. «Me gusta moverme y no sé bailar. Me gusta reírme sin parar». Y a quién no. Después de que la guitarra quedase colgada de nuevo de sus hombros, llegó uno de los puntos álgidos del concierto. ‘Veneno’ y, sobre todo, ‘Los tontos’, incluida en el último álbum de C Tangana, protagonizó unos instantes deliciosos de músicos y público en el mismo barco.

‘La Higuera’ sirvió para que la guitarra eléctrica que descansaba en el soporte habilitado para ello fuera cogida para enchufarla al ampli y llenar la sala con ese sonido flamenco- pop que tantas alegrías nos ha dado. Ay, pero qué hubiera sido de los asistentes si no hubieran cantado una de las frases más famosas del cancionero español. «Que tú no te das cuenta de lo que vale, que el mundo es una tontería…». Como si se estuviera en la ducha. De ahí nos teletransportamos a una discoteca con ‘Sombrero roto’. Los abrazos y el anuncio del fin tras ‘El Mercedes blanco’ no convencieron al respetable. Más bien todo lo contrario.

La razón era sencilla: todavía quedaba cantar al de los ojos brillantitos y la voz de oro. Al que va dejando su cuplé de puerto en puerto y el que abandonó a sus siete novias. Toda la gente levantada de sus asientos para aplaudir sin parar al protagonista de nuestra historia. Esa historia que comenzó en la ciudad californiana del Golden Gate. Y que continúa más fuerte que nunca. Kiko Veneno sabe como nadie divertirse encima de las tablas. Qué hubiera pasado sin ese viaje a tierras estadounidenses. Y sin ese encuentro fortuito con Raimundo Amador. Pero, ¿es que acaso la vida no va de casualidades? Al final, todo se resume en que cada uno burle al destino prescrito como buenamente pueda. Y que el azar se convierta en parte fundamental del día a día.

Sobre Mario de Jaime Moleres

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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