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Aixa Sánchez.

Crónica | La Polla Records en Vitoria

The Exploited aseguraban que la apariencia punk está lejos de terminarse. Que la actitud independiente y ajena a acuerdos discográficos masivos seguía a la orden del día. Y, faltaría más, guitarras amplificadas al máximo, canciones de no más de tres minutos, escasos arreglos musicales y mucho descontento y odio contra la sociedad actual. Para la mayoría, todo lo relatado terminó a finales de la década de los 70, justo antes de que el glam metal, con la laca como principal arma, terminara por derribar uno de los más importantes géneros musicales de la historia. Nada más lejos de la realidad. Quien quiera ver un concierto de punk a la antigua usanza lo tiene fácil. Y lo diremos en tres palabras, para qué aburrir más: La Polla Records. O, lo que es lo mismo, punk- rock radical vasco. Una ideología antisistema y críticas sociales con un micrófono en la mano.

El cóctel perfecto para que todos los seguidores de Evaristo Páramos llenaran el pabellón Fernando Buesa Arena de Vitoria. Crestas y camisetas de un color rosa chillón. Muchas cervezas y ganas de pateos. La Polla Records llegaba a Vitoria para ofrecer uno de sus últimos conciertos. Quién sabe si algún día volverán a subirse encima de las tablas. Lo que estaba claro desde el principio era que la banda nacida en la localidad alavesa de Salvatierra allá por 1979 tocaba en casa. Y eso se notaba. Ni siquiera los múltiples cambios de recinto hicieron aminorar la llegada de ese público fiel que siempre estuvo al lado de Evaristo.

La noche del viernes comenzó pronto. Antes de las seis de la tarde, Cerveza Suicida se subía al escenario del Buesa Arena para demostrar por qué fueron los ganadores del Gazte Talent de 2019. Acto seguido fueron los navarros Lendakaris Muertos los que animaron al respetable con sus temas tocados a toda velocidad. Y también para recordarnos que los Dead Kennedys tienen una razón de ser en Pamplona. La noche avanzaba, y el frío amenazaba fuera del recinto. Nadie quería salir. Más que por el frío era por no perderse a un tal Enrique Villarreal.

Su particular apariencia se ve traducida en una mirada que está lejos de quedarse estancada en el pasado. Siempre hay que mirar hacia delante. Y El Drogas lo sabe. Tras el lanzamiento de ‘Solo quiero brujas esta noche sin compañía’, un quíntuple disco con más de 40 canciones en su interior, le llegó el turno a ‘El largo sueño de una polilla’, un álbum conceptual en donde se pueden encontrar ocho canciones que se alejan de los años de Barricada.

Todo ello no quiere decir que El Drogas y su banda no defiendan los nuevos temas con especial maestría en directo. La experiencia hace al artista, al fin y al cabo. No fue ni tan siquiera necesario que sonaran los temas más emblemáticos de Barricada. Entre covers de Alarma!!! y Txarrena, Villarreal interpretó temas de sus dos últimos trabajos, poniendo el foco en Dejándonos la piel y Apoyarse en el aire, con canciones míticas que ya forman parte del imaginario colectivo, poniendo el ejemplo de La Hora del Carnaval o Esta Noche.

Teloneros de auténtico lujo para lo que se vislumbraba en el horizonte. Pasadas las diez de la noche, vino el plato fuerte. El parqué lleno hasta la bandera y toda la grada en pie. Salve y Memoria de muerte sonaron prácticamente sin que uno se diese cuenta. No había pausa. Todo era a contrarreloj, sin tiempo que perder. Los temas iban cayendo de manera incesante. Uno tras otro. Los silbidos que teletransportaban al mundo de Los 7 Enanitos fueron secundados por esa canción titulada ‘Ni Descanso, ni paz!’ incluida en el decimoquinto LP de la banda alavesa lanzado en 2019.

Aixa Sánchez.

“Queridos amiguitos, en este mundo todo está bajo control… ¿todo? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste ahora y siempre al invasor con una poción mágica que los hace invencibles: el cerebro…”. Poco a poco se iba acercando el colofón. Socios a la fuerza y La solución final intentaban ser las últimas. Pero ya lo dijo el bueno de Evaristo: “Hacemos que nos vamos, pero es mentira”. Poco más que añadir. Los recuerdos a las verbenas instantes antes de La llorona convirtieron el Buesa Arena en una olla a presión. Ya nada escapaba del autocontrol.

El grito de “Carne pa’ la picadora” era la excusa perfecta para que los vasos de cerveza saltaran por los aires. Y aún restaba un limitado tiempo para recordar que no hay cañón que alcance a Johnny ni rival que lo derribe y para evocar y potenciar el Odio a los partidos. No hubo despedida a modo de palabras. Y para qué. Había caras de sorpresa y reinaba el convencimiento de que todo no había acabado. Las luces se encendieron. Resulta que sí era el final. Al fin y al cabo es precisamente ahí donde reside la esencia más pura del punk. En no pensar qué dirán los demás. No te alejes demasiado Evaristo. La sociedad te necesita.

Sobre Mario de Jaime Moleres

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

Un comentario

  1. J Antonio Ramos

    Evaristo , te necesitamos

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