La Polla Records última gira

Crónicas de la última gran batalla

Inauguramos juntos el último otoño que pudo presumir de una auténtica normalidad; ataviados con nuestras mejores galas y liberando la emoción contenida después de tantos años amando a La Polla Récords. Era 21 de septiembre, el sol amenazaba con esconderse, la carretera con dilatar su extensión y los estacionamientos de la ciudad de las fallas con desaparecer accidentalmente.

Isma llegó en tiempo récord mientras yo le esperaba sufriendo por poder perderme algo de aquello. El autobús nos dejó frente a la plaza de toros y corrimos por las céntricas calles en busca de algún refrigerio. La ciudad, testigo del primer concierto de la banda tras 16 años de separación, permitía saltarse vallas, semáforos y señales, todo fruto de aquel ambiente efervescente del que formábamos parte. No podíamos ni prever el mambo y jaleo que vendría a continuación.

Todavía en trances de acceso y mientras encandilábamos con nuestra simpática alegría al resto de asistentes, Isma y yo, mano a mano, tomamos unas seis cañitas de bote en los doce minutos y medio que duró la cola. No podíamos contener tanto nerviosismo y, entre trago y trago, nos soltábamos mutuamente cánticos de La Polla y nos repetíamos una y otra vez, muy alto: ¡QUE ESTAMOS AQUÍ!

Sentimientos de fortuna aparte, por fin entramos al ruedo. La sensación fue brutal. Joder: ¡Estábamos ahí abajo! Desde la arena, veíamos cómo con nula discreción algunos de los allí presentes se lanzaban desde las gradas al ruedo para conseguir abrirse hueco en las primeras filas.

Previamente a estos sucederes, colamos algunas latitas y bebimos algunas más dentro y, entre sorbo y sorbo, al váter. Ya a tono, vejiga y estómagos vacíos, entramos en la recta final: el espectáculo a cargo de Enrique Villarreal -alias El Drogas – había comenzado. El Drogas comenzó la jugada con un tema clásico y de ferviente actualidad, -qué curioso, ¿eh?-. Apenas sirvieron tres segundos de Brigi a la betería para dar aviso y en seguida entonó el maestro: “Dales acción, búscales. Dales acción en la calle”. Las clasicadas se intercalaron con temas más tranquilos, siguiéndole, por ejemplo, a Bahía de Pasaia el homenaje a Manolo Tena; Frío. Y cómo no, el repertorio acabó con Todos mirando y En blanco y negro. Como entrante, un diez. Y mención aparte a la potencia y expresión de Brigi. Qué maravilla. Qué espectáculo.

Ya en la pausa, apuramos las agujas del reloj para la última salida al baño y, con el poco disimulo que nos podía quedar, procuramos saltarnos la cola del meadero con tal de ganar tiempo. Las puertas principales se cerraron y ya no recuerdo a ciencia cierta cómo llegamos a tercera fila. Ahora sí. Ahí estábamos. Solo faltaban dos minutos para que la gala diera comienzo. Nuestros corazones bombeaban como nunca antes lo habían hecho y un romántico nerviosismo punk recorría nuestros cuerpos. ¡Qué potencia, qué sensaciones, a toda hostia, con dos cojones!

Para continuar con la agradable velada, reparamos mutuamente en una bonita advertencia fraternal: “Si nos perdemos, ya nos vemos al final». Todo en orden.

Aún tratando de relajar la frecuencia cardiaca, comenzó a iluminarse una cruz cristiana ardiendo en las pantallas, mítico comienzo de Salve. La ceremonia parecía ir acompañada de una música solemne y angelical y, tras conocer el inicio, un impulso me llevó directa a primera línea del frente. El galego no se explayó demasiado y saludó al público: “Hola, muy buenas”. No consideró pertinente decir mucho más y empezó la caña. Una detrás de otra. En suma, cuarenta y seis canciones, las cuarenta y cinco ordinarias y la fabulosa de ‘El conjunto’, que se encargó de ambientar uno de los interludios, un tema desconocido para muchos y que, bajo mi punto de vista, constituye una muestra más de la genialidad del grupo, ¿acaso es ‘El conjunto’ el propio vaticinio de La Polla Récords? Sea como fuere, el único vals-punk de La Polla Récords no se pudo elegir al azar, y menos teniendo en cuenta la tesitura en la que se encontraban tras la vuelta a los escenarios por su 40 aniversario.

Crónica | La Polla Records + El Drogas en Madrid

Acabó Evaristo de cagarse en la religión con esa elegancia que le caracteriza y ya tenía rendidas a las seis mil personas que allí nos encontrábamos, y a mí, la que más. No había acabado de decir no sé qué del Opus cuando empalmó con el siguiente tema, del todo inesperado: Memoria de muerte. No sabía si llorar o morirme y en seguida supe abrirme un hueco más delante de donde ya estaba; no hay nada que adore más de La Polla Récords que las canciones que no todo el mundo conoce. El tercer tema, Así es la vida, llegó para mear a los dos primeros. No se me ocurre otra canción de La Polla Récords que exija más mala hostia para cantarla. Es una obra que se interpreta; con toda su genialidad y toda su potencia, y allí podían verse miles de almas poseídas por la irónica crudeza de la letra y todas, diría, sin excepción, siendo conscientes de que nosotros, los de abajo, éramos los protagonistas.

La peña se desvivía por entonar cada tema con una energía explosiva. Había quien se empeñaban en dar saltos de distancias ejemplares para que el maestro les viera, quien se subían a hombros de paisanos enrollados o quien fantaseaba con tocar alguno de los instrumentos que sonaban por los enormes altavoces que envolvían el escenario.

Terminó de atragantarse con un tema que, como digo, dejó los pelos de punta y las voces ya rasgadas de todos los que suscribíamos palabra por palabra y comenzó a entonar unos peculiares graznidos para presentar Lucky men. El ambiente en el ruedo era bestial. La peña se desvivía por entonar cada tema con una energía explosiva, un movimiento terrible; patadas, codazos, saltos y aspavientos de todo tipo. Un puto espectáculo con un buenrollismo extraordinario. De película. A cada centímetro volaban vasos de cerveza y kalimotxo y, quienes no lo tiraban, lo ofrecían para no desperdiciarlo. Había quien se empeñaban en dar saltos de distancias ejemplares para que el maestro les viera, quien se subían a hombros de paisanos enrollados, quien aplaudía como si acabara de aterrizar de un mal viaje o quien fantaseaba con tocar alguno de los instrumentos que sonaban por los enormes altavoces que envolvían el escenario. Todo íntegro y entrañable porque el puto sueño de nuestras vidas se estaba haciendo realidad.

La Polla Records Evaristo
@Europapress

No habían pasado catorce minutos y ya se habían cantado seis temas de cuatro álbumes distintos. Aquello iba a ser mejor de lo que podíamos imaginar. Y así fue: llegó Nuestra alegre juventud, El suicida, la Chica yeye, la que se masturba con el pie, y qué puto goce loco cantar esto y cantarlo junto al gran maestro. Si con eso y mis excesos artísticos no me busqué la ruina, ya no hay forma de encontrarla. Me desviví por bracear en cada parte de la letra, me arranqué los pelos por tanto pensar y me imaginé la tumba decrépita de esos dos desgraciados. Qué agitación, como diría Muguruza.

El tudense anudó con otras tres más del disco de Salve, Los siete enanitos, Delincuencia, siempre la nuestra, y Come mierda. Unos temas como para que se te vaya la olla, y es que no es casualidad que este disco fuese el que más sonó, con un total de nueve temas, incluyendo la canción homónima, que inauguró el reportorio, y la de ‘Así casca la vasca’, que le puso fin. Lo realmente precioso de los minutos que duraron estas melodías fue la fantástica aparición de un espontáneo desprovisto de cualquier tipo de prenda: sin calcetines, sin zapatillas, sin calzones, sin camiseta, sin nada, completamente en bolas. Aquel personaje rondó desde su aparición las primeras filas del concierto y fue protagonista del pogo hasta que los de Agurain quisieron despedirse. Cuánto me acuerdo de él y de cómo estaría cuando quisiera recuperar la conciencia. Todos te recordamos. Te mando saludos. Fue increíble.

Llegó entonces el turno para el único tema que la banda presentó para hacer la gira, Ni descanso, ni paz, le siguió Maigenerasion, Toda la puta vida igual’, Que turururu, estas tres últimas del disco ‘Toda la puta vida igual’ de La Polla. Y entre uno y otro ya llevábamos catorce temitas y llegó Vuestra maldición, una barbaridad de canción, en la que las venas del cuello triplican su tamaño, la lengua sale de su cavidad natural y una misma se recrea en las guitarras de Txiki y el histórico Sumé. Qué loco todo, ni el éxtasis místico de los Narco. Y por si no había suficiente llegó Balada inculta, otro precioso himno con el que puedes cantarle al cielo, a tu peor enemigo y al mismo Dios, porque es así y porque eres un asco, ¡qué le vas a hacer!

Y tras una épica, otra aún más, Gol en el campo. Mucha caña, mucho nervio y mucho Tripi –el batería-, que mantuvo una velocidad de vértigo. Le siguió Hoy vamos a explicar la palabra feo, una preciosa melodía que pone sobre la mesa que el poder no te hace guapo, pero, ¿y quién es este tío para llamarle feo a nadie? Terminó ese tema tan característico de ‘El último, el de La Polla’ para delirar y morirnos del gusto con Tú alucinas. Rapidez. Agudeza. Genialidad. Precisión. La Polla en directo, o donde más te guste.

Eso es La Polla Récords: la vivacidaz de ‘Tú alucinas’ y la ternura de ‘Eutanasia’. La Polla Récords es la hipertensión de ‘Venganza’ y la acidez y la caña de ‘Susanita tiene un marrón’

A continuación el conjunto nos calmó los nervios con Eutanasia, un tema que si ya había conseguido emocionarme antes, ahí me partió el corazón. Eso es La Polla Récords: la vivacidaz de ‘Tú alucinas’ y la ternura de ‘Eutanasia’. La Polla Récords es la hipertensión de ‘Venganza’, es la paranoia de ‘Todos los animales privando juntos en el mar’, la acidez y la caña de ‘Susanita tiene un marrón’ y la serenidad de ‘La llorona’. Todo eso y todo lo que quieras es La Polla Récords.

La Polla Records Vuelve

A punto de finalizar el primer acto, cerraron con El congreso de ratones y Txus, un tema que siempre es bienvenido, claro, pero está ya un poco quemado (lo siendo Evas, guapo), yo siempre preferiré la magnífica versión del rancho grande y los calzones del ranchero, que los empieza de lana y los termina de cuero. Pero no fue así. Y como cualquiera que haya presenciado decenas de conciertos de Gatillazo sabe que ha de retirarse del pogo cuando suena esta canción, eso mismo hice. Sonó entonces la música de El conjunto, avisando que la primera parte había llegado a su fin tras veintidós temas.

Isma y yo llevábamos sin vernos más o menos veintidós canciones y seguiríamos perdidos hasta mucho más adelante. Ni nos vimos en el descanso ni recuerdo que nos buscáramos. Yo, por mi parte, anduve canturreando y haciendo los coros de ‘El conjunto’ y charlando con unos paisanos muy agradables que se habían regalado la entrada mutuamente. Nos echamos unos cigarros juntos y no los volví a ver. No recuerdo su procedencia, pero buena gente. Saludos también.

Parón y vuelta al ruedo

Por intuición concertil supe que aquello volvía a empezar y cogí sitio, así como en tercera fila. La banda aguraindarra eligió Europa, primera tema a la vez del ‘Disco negro’, para inaugurar la segunda parte del espectáculo. Era imposible que el sonido y la potencia no se te colaran hasta el fondo de la cabeza. Qué contundencia. Qué envolvencia sonora. Una locura.

Pasamos de la crudeza y de la rabia de una vieja y podrida prostituta al simpático jaleo que provoca Mundo cabrón a su paso, un ingenioso tema donde pudimos ver los mejores jetos de los allí presentes, exhaustos por improvisar una actuación que estuviera a la altura de las circunstancias. Todo un espectáculo.

Superamos el ecuador del reportorio y llegó Ciervos, corzos y gacelas, un precioso tema del álbum ‘Donde se habla’, el único disco conceptual de La Polla Récords en el que se retrata el lado más animal del ser humano, ¿o era eso lo que éramos? En cualquier caso, sea quien sea el que cante este tema parece un maldito esquizofrénico puesto de spiz del malo y ansioso por aniquilar a la mitad de la humanidad. No ocurrió ninguno de los supuestos y el espectáculo continuó con El avestruz, una de las canciones que posible y paradójicamente, más empodere de La Polla Récords. Las malas lenguas comentan que esta versión de los The Boys está dedicada a Eskorbuto por no sé qué rollo con unas guitarras robadas. Ojalá saberlo, pero no seré yo la que resuelva el misterio.

Seguíamos para bingo en aquella fiesta constante y le tocó el turno a A tu lado, un tema al que tengo especial cariño por decir aquello de “pa’ qué vamos a llorar, si total nos da lo mismo”. Pues también es verdad. Esa maravilla abrió paso a otra mejor: Radiocrimen. Radiocrimen emite y se te mete en el coco como si te hubiera esclavizado el Gran Hermano de Orwell. Cuando escuchas ‘Radiocrimen’ te parece estar en una distopía que en realidad es la nuestra. Esto solo se consigue si eres un puto genio. La emisión se paró en seco y apareció de pronto la caña de Punkyfer. Si antes he dicho que ‘El avestruz’ quizá sea la canción que más empodere de La Polla Récords he mentido, es esta. Tres segundos de caña desorbitada y luego un grito que reza “ya nunca más me joderéis, lo digo por última vez”. Mala hostia a granel. De lo mejorcito. Y con esta barbaridad se despidieron de ‘El último, el de la polla’, un álbum que corta la respiración.

Nos encaminábamos ya a los treinta y pico temas e íbamos cerrando discos, Los monos, también versionada por Kaos Urbano, fue la última del disco ‘Donde se habla’ y la trigésima de todo el concierto, Porno en acción, sería la penúltima que escucharíamos de ‘Salve’ y la trigésima primera del repertorio, un tema de lo más peculiar con una intro fabulosa e inimitable. Aquí todos nos imaginamos a Evaristo pajeándose. Es lo que hay. “Mejor color, mejor sonido, mejor calidad, más metraje”. En definitiva, otra caña loca solo propia de ‘Salve’. Así es y así se dejó ver en los cuerpos y en las caras de los presentes, que lo fliparon y lo gozaron a partes iguales.

Ahora sí, nos despedíamos del disco Ellos dicen mierda, nosotros amén con la canción que lleva su nombre. Este sí. El himno de los himnos, una canción que estremece y llega al alma. No hay otra igual, ni siquiera parecida y que consiga levantar tantas cosas. Una puñetera obra maestra. Y de lo más de lo más pasamos a lo mejor de lo mejor: llegaron No somos nada, Socios a la fuerza, una bofetada brillante y esclarecedora al sistema de pertenencia, y La solución final, también con una introducción inconfundible y terrible desprecio a los pobres a base de ironía y cinismo. Otro himno y otra obra maestra que puso los pelos de punta al ruedo y a la grada.

Llegó Ya no quiero ser yo, para concluir un ratico de continuo déjá vu: los seis últimos temas habían sonado también en ‘Vamos entrando’, ese legendario tercer disco en directo de La Polla Récords. La situación era bastante similar en 2003, cuando se grabó el disco en el festival Viñarock; la banda ya se había disuelto –ahí Evaristo emprendería otros fabulosos proyectos: The Kagas, primero y The Meas, después- y la formación del grupo era idéntica a la que se había dado dieciséis años antes.

Como ocurre con el sexo y las drogas, el rock and roll también te cautiva despacio. Por eso casi siempre forman un trinomio inseparable

El DVD de ‘Vamos entrando’ se lanzó un buen 29 de noviembre de 2004, yo entonces tenía 8 años y en aquella época en casa no se escuchaba otra cosa después de salir del colegio. Recuerdo muy bien que al principio me superaba llegar a casa y que la voz de ese tío tan raro acaparara todo el salón un día tras otro. Como ocurre con el sexo y las drogas, el rock and roll también te cautiva despacio. Por eso casi siempre forman un trinomio inseparable. Con el tiempo me acabó seduciendo esa energía impecable que mostraba el público en la hora y poco de directo y la asquerosa naturalidad del cantante, que no paraba de saltar sobre el escenario e interpretar una ristra infinita de obscenidades. El galego tenía entonces 43 tacos. El pasado 2020 cumplió los 60 y, pese a que el paso del tiempo es inexorable, sigue siendo una maravilla verle en acción.

El siguiente tema, Carne pa’ la picadora, fue otro subidón para el público presente, una ración más de caña antes de dar paso a Iván, este sí, único tema que interpretaron del disco ‘Los jubilados’, un álbum raro de cojones que esquiva el tono macarra que aparentemente tiene La Polla Records y que no deja ser uno de los mejores discos del conjunto vasco.

Con ‘Iván’ de fondo y un público casi adormecido –en comparación a la última canción- me reencontré con mi hermano. Nos lo pudimos decir casi todo con la mirada: no parecíamos ni siquiera comprender lo que estábamos viviendo, y los dos agitábamos la cabeza incrédulos de lo que nos estaba pasando. Apuramos los metros que nos alejaban y comentamos toda aquella locura antes de que Evaristo comenzara con la letra del ruso. Parecía subnormal dando tantos saltos a la pata coja, en honor a la hoz y el martillito de la bandera roja y, sin embargo, fue la mejor fórmula que encontré para gozármelas y para recrearme en esa atmósfera del siglo XX. Todo seguía siendo muy loco.

Comenzó inmediatamente Tripi a atizarle a los tambores e imitar una asquerosa melodía fascistilla. Era el turno de Cara el culo. “¿Pero esto qué es? ¿Este grupo no era de izquierda o qué?”, hubiera dicho el maestro en 2003. El tema, del disco ‘Revolución’, reza una consigna brillante: “La tradición es una maldición”, solo equiparable a esa que dice “del Estado al hombre es orden, del hombre al Estado; violencia”, y que se oiría a continuación. Y de un tema de minuto y medio pasamos a otro de minuto y veinte, Toda la puta vida igual, un tema hecho a base de un único mantra y que no deja de ser lo puto mejor. ¡Qué divertido!

Entrábamos en la recta final del espectáculo: nos quedaban las cinco últimas canciones. La justicia, penúltima a su vez del disco ‘No somos nada’. Apunto de perder la cabeza por el repertorio elegido –esta última sí que era del todo inesperada-, llegó Johnny para hacer que todo saltara por los aires definitivamente. ‘Johnny’ es una obra maestra, una genialidad. Al igual que la sensación distópica que el autor consigue generar con ‘Radiocrimen’, aquí el señor Páramos logra contarnos en muy pocas frases cómo es ese orgullo yanqui-militar, y cómo es esa defensa irrisoria del militarismo asesino e invasor para acabar mojándose y dictando sentencia: “Johnny solo es un cretino que maneja un bombardero”. Dios. Este tema hizo enloquecer al conjunto de los asistentes que alzaban sus manos con el dedo corazón enfocando directamente al gallego. Algo así como la coreografía oficial de esta otra maravilla. Gracias por crear cosas así.

La antepenúltima fue dirigida a esos queridísimos hippies que se encontraban en la sala, La llorona, ese otro himno del álbum ‘Hoy es el futuro’ –que vaya álbum, carajo-. ‘La llorona’, ese tema que solo se puede cantar sosteniéndote el corazón, enterneció a las viejas glorias, a los más jóvenes y al punki loco que aún seguía desnudo por el ruedo. Muy cerca ya del final le tocó el turno a Odio a los partidos, un tema revoltoso e incendiario en el que también se recomienda salir del bolo lo antes posible. Sin cortar la tensión generada con la última interpretación de ‘No somos nada’, en seguida entró el tema que, muy a nuestro pesar, clausuraría el acto, Así casca la vasca.

Nos desvivimos por pedir otra más, pero los de Agurain no parecieron estar por la labor después de las dos horas de concierto que se habían currado. Lo asumimos con pena, pero aun quedaría Madrid, Bilbao y Barcelona, aunque para ser sincera no fue ni parecido. El público se iba marchando y fuimos quedando los desechos más forofos de la gala. Hubo una espontánea muy simpática que empezó a juntar a gente para la foto final. Es una imagen preciosa porque recoge el buen rollo y el ambiente de once que hubo en todo momento y a Isma y a mí, aunque no se nos vea, rodeados de esos punkis con quienes habíamos compartido cigarros doblados, litros medio vacíos, tragos a destiempo y abrazos colectivos mientras entonábamos las canciones de nuestra vida.

Salimos del ruedo y nos juntamos con algunos paisanos de la provincia y acudimos con los autóctonos del lugar a varios garitos bastante molones, para amanecer horas después en ‘La eskombrera’, un acogedor espacio autogestionado donde nos dejaron poner a La Polla hasta que se cansaron xd Saludos también a esa peñita guapa. Volveremos.

CURSO DE PERIODISMO MUSICAL

Sobre Miriam Torija Heras

Soy Miriam, natural de Guadalajara aunque pamplonica de adopción. Amo la música y el rock sobre todas las cosas. Me gusta la buena escritura, abogo por una amplia apertura musical y por hacer más bonito este mundo de xxxxxx a través de la cultura.

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