Loquillo

Crónica | Loquillo en Muelle 12

Reportaje fotográfico: @esthernudo_

Redacción: Juanjo Morote López

Alicante disfruta de un loquillo por el que no pasan los años

El recinto Muelle 12, al lado del Mar Mediterráneo, fue el lugar donde se congregaron más de 900 personas para disfrutar de la gira “El Último Clásico”, un recital de Rock and Roll que tuvo como protagonista a un artista que, pese a su larga experiencia, se encuentra en un gran estado de forma.

A las 22:00h dio comienzo el concierto con una entrada triunfal de tres guitarras, un bajo, una batería y uno de los mejores frontman del panorama rockero español. Alicante recibió con los brazos abiertos a uno de los mayores exponentes del rock nacional en una de las últimas noches de verano de 2021. Bebiendo un líquido rosa entre canción y canción y divisando al público alicantino con una media de edad de unos 40 años, José María Sanz Beltrán, más conocido como Loquillo, se desenvuelve como pez en el agua en el escenario. “El hijo de nadie” fue una de las canciones que abrieron el concierto y que sirvieron como carta de presentación del catalán para el público alicantino: “Soy una especie en extinción, animal del Rock and Roll”. Loquillo seguía una “Línea Clara”, título de la siguiente canción, e interpretaba todas las piezas con sobresaliente precisión vocal a la hora de entonar.

A los 18 minutos el público ya rugía y acompañaba en las canciones con palmas y coros. Tras el grito: “Bienvenidos a la resistencia” que arrojó Loquillo al público y acabó de enaltecerles, ambos al unísono andaban “Cruzando el paraíso”mediterráneo hacia la eternidad que brinda este género musical cuando se te cuela por las venas y se te incrusta en el corazón. Y es que, la siguiente canción puso en boga que todos en el Muelle 12 hacían gala de una buena “Salud y Rock and Roll”. Dos canciones después, con la luna de septiembre de testigo y gritos de “Loco, loco” por parte del público, el barcelonés agarró un paquete de cigarrillos, sacó un cipo de su chaqueta y se lo encendió justo en el momento en el que empezaban a sonar los acordes desnudos de la guitarra de Pablo Pérez que daban comienzo a uno de los momentos cúspide de la noche, “Rompeolas”. Ya saben todos que jueves, viernes, sábado mirando hacia el mar es un buen lugar para irse a olvidar. Y ahí estaban todos, olvidando. Las palmas acompasadas de los espectadores potenciaban el golpe del bombo y cuando el estribillo llegó se produjo una comunión indivisible entre todas las almas rockeras condenadas al infierno de este estilo de vida.

Loquillo directo

A los 45 minutos, Loquillo estuvo acertado agradeciendo a la seguridad del recinto y criticando a quien se dedica a manipular la cultura española, sin participar en ella. Después de esta breve pausa se reanudó el concierto con un “Rock Suave”, en los que ambos Loquillo y público dejaron cantar al corazón, como dice la canción. Tras “Me convertí en un hombre lobo por culpa de los Rebeldes” después se erigió como “El Último Clásico”.

A los 60 minutos, en el silencio entre las canciones un guitarrista aprovechó para ponerse sin miramiento un fular rojo. Suenan los primeros acordes y los súbditos enloquecen. Los espectadores brincaban como podían en el golpe del bombo mientras Loquillo con un porte elegante pero rebelde, se autoproclamaba “Rey del Glam”. Después de toda tempestad viene la calma, aunque se trate de un concierto del catalán. “Memoria de Jóvenes Airados” es una canción con un tempo más lento que “Rey del Glam” y en el estribillo Loquillo dejaba de cantar y se podía apreciar al público gritar alguna de las frases, mientras movían los brazos de lado a lado. A continuación, el recinto rebosaba de “Rock and Roll Actitud”. Lamentablemente, el público no pudo disfrutar de ese lugar donde aún se baila. Todos lo espectadores, aún sentados, recibieron con júbilo la nueva versión de “La Mafia del Baile”, un tema que acompaña al artista nada más y nada menos que desde 1985. Después de admitir su “Mala Reputación”, Loquillo encaraba la recta final del concierto con varios de los hits que ha tenido a lo largo de su carrera, como “La Mataré”, “El Ritmo del Garaje” o “El Hombre de Negro”.

El loco en directo

A los 103 minutos, Loquillo ponía el broche final a una noche que, dentro de lo malo de las restricciones, fue redonda. Probablemente, a esas horas los gritos de “y como el duque feo, fuerte y formal” fueron los sonidos que más se escucharon en la ciudad costera. Como buen maestro de ceremonias, Loquillo dejó lo mejor para el final. La última canción fue “Cadillac Solitario”, una experiencia imprescindible si te gusta la música. Aún retumban los gritos de “nena” por toda Alicante. Una ciudad, que estuvo a la altura de uno de los mejores intérpretes de la música española.

Sobre Esther González Román

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