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Carlos Garcia Azpiazu (El Correo)

Crónica | Los Zigarros en Bilbao

Burning decía que los domingos se hicieron para bailar. La Fuga pensaba que el último día de la semana es para jurar que uno cambiará de vida. Bien, juntemos estas dos afirmaciones. ¿Qué nos queda? Pues que los domingos sirven para darle un giro de 180 grados a nuestras vidas bailando. Suena bien. Pero claro, necesitamos a alguien que nos ayude a hacerlo realidad y que nos haga levantarnos del sillón en una tarde fría y lluviosa de invierno. Es aquí cuando intervienen dos hermanos valencianos que, acompañados de sus fieles escuderos Adrián y Natxo, nos demuestran que los domingos también pueden ser de rock and roll. Directo al corazón. Aunque mañana el despertador suene a las ocho de la mañana y se tenga que coger el metro para trabajar. Qué más dará.

Estos Zigarros, que hace ya mucho tiempo alcanzaron el olimpo del rock and roll en castellano, continúan una gira que vivió su punto culmen allá por enero de 2020 en el Teatro Circo Price madrileño con la participación de músicos de talla mundial, como Fito Cabrales, Leiva o Ariel Rot. Unos días más tarde ocurrió una cosa que mejor omitiremos. El caso es que tras más de ocho años de guitarrazos, Ovidi y Álvaro siguen llenando salas allá donde van. La última fue el Kafe Antzokia de Bilbao. Dos noches seguidas. “La última vez que vinimos a Bilbo hace tres años llenamos un Antzoki. Hoy llenamos dos. Eso solo quiere decir una cosa: que el rock and roll va bien”, decía orgulloso el mayor de los hermanos Tormo escudado por esa Tele blanca y azul que tantas alegrías da a los seguidores de los ritmos rockeros más endiablados.

Carlos Garcia Azpiazu (El Correo)

Salida al escenario. Los instrumentos son cogidos y dominados por manos expertas. Un sonido espectacular en un local mítico. El resultado de la ecuación solamente puede ser bueno. El repertorio se abre con Espinas y continúa con ¿Qué harás, amor? “No sé si hay alguien que vino ayer, pero estamos mejor. Tocar un domingo es una maravilla”, espetaba Ovidi después de recordar al respetable que ni siquiera llenar La Riviera asegura sonar en las radio-fórmulas. Al hilo de tocar dos días seguidos, ya gritaba Billie Joe Armstrong en Milton Keynes en 2005 que el segundo día siempre era mejor que el segundo. Para gustos, opiniones.

La noche avanzaba mientras la pedalera de Álvaro echaba fuego. El wah- wah hacía su acto de presencia en Queda muy poco de mí. El público, que ya reventaba el Antzoki, tuvo su oportunidad de mostrar sus dotes de canto con No obstante lo cual. “Me sigue gustando el cabaret…”. Mención aparte merece el dominio de las tablas por parte de los cuatro de la banda. Sin embargo, aquí tenemos que destacar al frontman Ovi, quien domina el escenario como nadie. Los años dan la experiencia y la confianza, eso está claro, pero también tiene que haber ahí un mínimo de talento para que tal hecho sea una realidad.

Cada nuevo tema interpretado recordaba algo. Mis Amigos es sinónimo de que siempre hay que tener una guitarra cerca. Malas decisiones evidencia que hay que arriesgar un poco en esta vida y conocer a una cajera de supermercado que nos enseñe a delinquir y a besar. Y Odiar me gusta para dar rienda suelta a esa aversión a los vecinos y a todos los que salen por televisión. Entre medias, “una canción que Álvaro escribió en el seno materno” como Dispárame y un canto a la Resaca. El primer cambio de guitarras se produjo para tocar Desde que ya no eres mía. Una Fender Jaguar que bien nos evocó a Kurt Cobain.

Carlos Garcia Azpiazu (El Correo)

Aún restaba uno de los momentos más esperados. Hablar, hablar, hablar… sonó por los altavoces como si el que estuviera presente en el Antzoki fuera el bueno de Angus Young. Breve paso por los camerinos y vuelta. Tenía que probar siempre sorprende. Su interludio cuando se toca en directo transmite que es diferente en cada concierto. Algo muy parecido a una Jam session en la que todo tiene cabida. ¿Se echa algo de menos? Obviamente. La historia de un amor indecente. La de una poli y un delincuente. ¿Qué demonios hago aquí? dio carpetazo a una noche de domingo que invitaba a estar tirado en el sillón. A eludir responsabilidades. Llegados a este punto, ¿qué tal si establecemos el último día de la semana para bailar? Johnny Burning y sus compadres ya están subidos en ese barco. Se aceptan nuevos marineros.

Sobre Mario de Jaime Moleres

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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