Entrevista bandas de rock
Miguel Ríos Marenostrum
Hugo Cortés

Crónica | Miguel Ríos en Málaga

Reportaje fotográfico:Hugo Cortés

La noche de «no feria» se transformó en un viaje a los años 80. La década de Naranjito y las hombreras. La de Alaska y las prendas holgadas. Cogimos el De Lorean y viajamos a la época dorada del rock en español. A nadie se le escapa que el escenario es adictivo. Los aplausos y las sonrisas del respetable son difíciles de abandonar. Tu cuerpo pide más. Desea subirse de nuevo a las tablas y recorrer kilómetros. No importan los años transcurridos. Lo que realmente importa es ese empaque, esa presencia que hace posible encontrarte de nuevo con tus fieles seguidores.

Por todo ello, una leyenda de nuestra música como Miguel Ríos no necesita justificar su vuelta a la vida rockera. La razón es sencilla: sigue teniendo esa actitud que nos enamoró en su momento. Lejos quedan esas veladas enérgicas, en las que el bueno de Miguel regalaba poderío y coraje. Este ciclo de conciertos estivales permiten ver a un Miguel más pausado. A un Miguel acompañado de guitarras acústicas, violines y teclados. Lo contrario hubiera sorprendido. Un cambio de tendencia, pero el mismo encanto que cuarenta años atrás. Acompañado de The Black Betty Trio, el de Granada sacó a relucir las canciones de su último disco, pero también esos viejos clásicos que formaban parte de la vida de los que decidieron apagar por un rato la televisión y acudir al Auditorio Cortijo de Torres para disfrutar al máximo de una noche de verano.

«Aquí está Ríos. Chicas, ¿Cómo me veis?». Con Hola Ríos, Hello se daba por iniciada una velada que nos llevó al lejano oeste y a encontrarnos con el mismo diablo. «Buenas noches Málaga, qué alegría volver a comer pescaíto». El saludo quedó bien, aunque la auténtica bienvenida corrió a cargo de los aliados de la noche. Las mentes se abrieron y los fantasmas cotidianos fueron desalojados. A partir de aquí, el camino se transformó en una cuesta abajo. El modo más sencillo de meterse al público en el bolsillo desde el primer minuto. Memphis- Granada fue la primera parada del viaje. De la Alhambra a la tierra de Aretha Flanklin y el lugar de residencia de B. B King o Elvis Presley. Los ojos se cerraron unos segundos y las luces de las hogueras de una noche de San Juan permitieron recordar esas noches de verano con la arena de la playa abrasando los pies.

Hugo Cortés

La aventura continúo con esas Memorias de la carretera que recuerda que es mejor vivir sin horarios. Y también tener por bandera una banda rockera. «Estoy bien, pero no para haber hecho un pacto con el diablo». La leyenda de Robert Johnson, el músico que vendió su alma al diablo para ser el mejor guitarrista de blues, apareció sobre el escenario a modo de canción. Al Cruce de Caminos a orillas del Misisipi le siguió una intensa jornada en el lejano oeste. Ahora el turno era para Jesse James, el forajido estadounidense más famoso. La realidad hizo de nuevo acto de presencia. Volvió para recordar que el mundo actual está lleno de fronteras inhumanas. Lleno de países en los que aún no se reconocen los derechos a las mujeres. Un golpe duro, pero necesario.

En la frontera y No estás sola perpetraron ese sentimiento de empatía con el prójimo. Desear que todos seamos iguales, sin distinción de raza y género. Algo parecido ocurrió con El blues de la tercera edad. Gracias a ella, se hace inexcusable acordarse siempre de nuestros mayores. De los abuelos y las abuelas y, en definitiva, de todas esas personas que «lucharon a contracorriente» durante tantos años. El otro blues fue el del autobús. El de la vida en la carretera. De esta manera, Miguel abandonó el escenario para dejar el protagonismo a su banda. Dos temas que hicieron brillar el talento de los cuatro músicos presentes en el escenario. El volante y Estoy gordo pusieron punto y final a la primera parte del viaje.

Transcurridos unos minutos, el granadino pisó las tablas por segunda vez, se enfundó la guitarra e hizo sonar La estirpe de Caín en todo su esplendor. «Esto es rock en acústico en español… And I like it!». Dicho y hecho: el rock es un boomerang y por eso siempre volverá. Santa Lucía y el Himno a la alegría cerraron una noche de verano de múltiples viajes y paradas obligatorias para cualquier melómano. Ya se lo decía Doc a Marty Mcfly: «Si vas a hacer algo como esto, hazlo con estilo». Miguel lo sabe, y es por ello por lo que seguirá en la carretera hasta que él quiera. Más de sesenta años de carrera se lo permiten. A por más kilómetros en el contador.

Sobre Mario de Jaime

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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