Crónica | Noprocede

Fotografía: A.Makeda (@amakedamk)

Queremos ir a un puto bolo y comérnoslos a todos, llegar y decir: «Y ahora os vamos a follar los oídos». (Noprocede)

Con esta premisa nada baladí, Noprocede nos adelantaban las ganas que tenían de arrasar con su recién iniciada gira-presentación Morder y esperar. El pasado sábado fue el día: tocaba jugar en casa, ocasión para la cual escogieron la sala Copérnico como centro de operaciones.

Nos habían convocado a las 21 horas, pero el sarao no comenzó hasta media hora después. Diez minutos antes del comienzo, una cuenta atrás se proyectó en la pantalla del fondo del escenario, mientras los más rezagados iban tomando posiciones y llenando la sala. Música de ambiente y luces fuera, guitarras, bajo y baquetas en mano daba comienzo el show.

Cumpliendo con lo esperado, arrancaron con brío, siendo Barrera de coral y Saltan las ratas las elegidas como primeras descargas de la noche, a las que seguirían Ruido sordo y Mátame y con las que inevitablemente terminaron de encender a un público que pedía fiesta a gritos.

Llegó entonces el turno del primer invitado de la noche. En sus redes ya habían avisado de que vendrían amigos procedentes de #atomarporelculo, y el primero en subirse al escenario fue Ernesto Navarro, de Violet, quien uniendo su voz a la de Beltrán en Dos turnos sin tirar nos hizo dar un primer salto a un pasado ya no tan próximo, cuando aún no habíamos caído en el abismo de los treinta y la frase «Apuesto todo al rojo, si caigo en quiebra me da igual» se nos antojaba más apropiada que la que quizá ahora cobra más sentido: «Los trenes pasan y no repiten estación».

Finalizada la primera colaboración, y habiéndonos devuelto seis años de golpe, volvíamos a nuestra actual generación ebria de amor líquido a la que critican en un cañero y rebosante de energía Mentir por dentro.

Bajamos revoluciones con Que se quite el frío, y nos introducimos paulatinamente en el bloque más íntimo y sentimental de la velada con Vértigo el cielo, El karma de los gatos, Modo experto y la versión en acústico de Ciudad olvido. Especialmente destacable fue el momento en que Beltrán se desenchufa, pide silencio y vestido nada más que con su voz y su acústica canta una Modo experto desnuda de artificios. Puro elixir que dio paso al tema bonus track de GrisúCiudad olvido – que con David Bolaños al violín y Fran a la acústica dejó en trance a una gran parte del respetable.

Secadas las lagrimitas de los más sensibles, Noprocede continuó el repertorio con Miedo al miedo, que proporcionó un ascenso meteórico de la intensidad, y resultó ser la visagra perfecta para encarar el tramo final del concierto.

Jaime de Zerokoma y Víctor de Tranze  fueron los otros dos acompañantes en la velada junto a los cuales alzamos con entusiasmo nuestros vasos – algunos ya vacíos – y coreamos  No quedan valientes y Más calibre, adentrándonos en una tormenta de hits – La  antesala del desastre, Para los restos (con Fran tocando el bajo en volandas durante el primer crowd surfing de la noche), Ser eternos, Fuera de combate, Tachar de la lista, De mecha corta, Echarte de más – que marcaron un punto de no retorno para las fieras sedientas de rock. Por supuesto llegaba la hora de bajar la persiana, pero no lo harían sin acabar de petarlo: Así que «estallaron los sentidos» con Fracasar mejor «para volver a latir», esta vez en eléctrico, con Ciudad olvido.

Boom.

El estallido que se generó desde que pisaron el escenario se mantuvo en una cima resonante asombrosa y estuvo acompañado por una puesta en escena libre de complejos firmada por unos cómodos y solventes Noprocede, quienes, con un repertorio bien seleccionado y trenzado que no dejó espacio al letargo en ninguna de sus fases, ofrecieron un concierto frenético en el que bailar, poguetear y descargar adrenalina.

Lo hiceron: nos follaron los oídos. A nosotros, complacidos y presos de un torrente de endorfinas por el orgasmo musical, casi se nos caen las manos de tanto aplaudir. Mientras tanto ellos, exhaustos, se despidieron con la sonrisa y la satisfacción del que complace.

¿Morder y esperar? No. Mejor Morder y arrasar.

Sobre Maire Morrigan

Nacida en los 80 en un barrio conflictivo, crecí entre bakalas y boy-bands en los 90. En el 2000, me regalaron una cinta de cassette con “A golpes de rock and roll” en la cara A y "Revolcón" en la B. Fue mi primer pico. No he dejado de chutarme rock desde entonces.

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