Curso de Periodismo Musical

Crónica | Razkin | 27.11.2021

El 27 de noviembre combatimos el frío invernal con el calor de los focos y a golpe de guitarra: Razkin llegaron a Madrid desde Mordor no solo a presentar su último trabajo, Norte, sino a reencontrarse con su público y “perder la virginidad” como banda, como afirmó Pedro entre risas y vinos. Tanto fue así, que la atmósfera irradiaba reciprocidad y la complicidad entre banda y público, que coreamos todas y cada una de las canciones de, literalmente, su discografía, era más que evidente.

Los de Iruña salieron al escenario y rompieron el hielo con “La estación”, segundo corte de su nuevo disco que ensamblaron a un ritmo incansable con los de su primer trabajo, Razkin. “Cara o cruz”, “Titanic”, “Andrómeda”, “Mediterráneo”, “Hoy es uno de enero”, “Que nadie apague tu luz”, sonaron todos. No solo habían venido a la capi a perder la virginidad, lo querían dar todo sobre las tablas y así lo hicieron, manteniendo decibelios y energía bien arriba de principio a fin.

Así que entre miradas cómplices de felicidad -por estar tocando de nuevo y por verles hacerlo- la velada continuó sin renunciar a la poesía, al ritmo, a la cercanía, con temas como “Si se quiere se está”, “Huracán”, “Tekila en Bacalar”, “Hostal”, “Ni amor ni mentira”, o “Normalidad”, que cantamos como una sola garganta hasta llegar a la primera despedida con “Polizón”.

Tras esta última, Pedro, vestido solamente con su guitarra y su voz, nos regaló en acústico su versión del “Me cuesta tanto olvidarte”, de Mecano, y de aquel poema acompañado de música de su último trabajo junto a La Fuga, Humo y cristales: “Banderas”.

Como no podía ser de otra manera, el resto de la banda intervino para romper la sosegada calma en la que nos vimos inmersos y se despidieron por todo lo alto con el tango “Hadas y duendes II” y, por supuesto, con esa “Sucia poesía” con la que “volar, volar, volar.”

Sobre Maire Morrigan

Nacida en los 80 en un barrio conflictivo, crecí entre bakalas y boy-bands en los 90. En el 2000, me regalaron una cinta de cassette con “A golpes de rock and roll” en la cara A y "Revolcón" en la B. Fue mi primer pico. No he dejado de chutarme rock desde entonces.

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