Curso de Periodismo Musical
Aixa Sánchez.

Crónica | Santero y los Muchachos en Bilbao

La mítica Telecaster de Bruce Springsteen comanda el ambiente de la sala Azkena de Bilbao. Saluda a la SG de Angus Young y se enfrenta cara a cara con el bajo de Flea. Los vinilos de David Bowie, Sex Pistols y Kortatu situados al lado derecho del escenario ven cada noche a músicos de múltiples géneros, si bien todos ellos tienen algo en común: el rock and roll. Las ganas de pasarlo bien en un ambiente idílico. Que se cierren las puertas y viajar por un par de horas a los años 50, cuando Chuck Berry, Elvis Presley y Little Richard se encargaban de darle popularidad a ese género que el locutor Alan Freed se atrevió a transmitir por radio y que significaba un ritmo hasta entonces desconocido. Con el paso de los años, muchos han sido los subgéneros que han derivado del mítico rock and roll. Y uno de ellos es ese ‘rock reposado’ que Santero y los Muchachos lleva por bandera. Una huida de las distorsiones más extremas.

Todo ello no impide que estos valencianos procedentes de diversas bandas como La Pulquería o Absenta recluten cada fin de semana a ese público rockero de botas negras y chaquetas de cuero. Y la razón es sencilla: no es necesario que el ampli se encuentre al máximo volumen para tocar un rock puro, alejado de etiquetas. Con el lanzamiento en agosto de su último disco, ‘Cantina’, se confirmó su apuesta por las canciones naturales y por las letras en clave de bar estadounidense con música en directo. “Hubo dos intentonas de tocar en Bilbao. A la tercera va la vencida”. Debe ser cierto, más que nada porque la expectación era máxima. Sombreros y chaquetas vaqueras tipo western. Dos guitarras acústicas y un contrabajo como únicas armas. Abrácese quien pueda abrió la veda. La distancia entre músicos y público era menor cada segundo. Al fin y al cabo, una velada acústica consiste en palpar la cercanía entre las dos partes. En crudo, sin sobresaltos.

Después de Homenaje, una cuerda del contrabajo saltó por los aires. Poco importó. El tiempo muerto fue amenizado por una armónica y una guitarra colgada del hombro. “Pero sigo siendo el rey…”. La cuerda puesta en su sitio de nuevo y vuelta al ruedo. He de olvidarte y Ventura precedieron al viaje por las carreteras valencianas. A que el cuentakilómetros crezca y crezca. Conducción y libertad. Rayas discontinuas y gasolineras abandonadas. “Hoy la noche invita a conducir”. Del viaje a lo Thelma y Louise se pasó a la calma. La mandolina tuvo su papel protagonista con El tipo del espejo, tema incluido en el último trabajo de la banda. Un canto a la hoja en blanco. “No hay canción si no hay herida…”.

Aixa Sánchez.

La noche avanzaba. Pero no los relojes. La alegría y los bailes aumentaban tras cada canción interpretada. La aparición del trombón teletransportó a los asistentes a los tiempos de La Pulquería. A esa mezcla tan singular de corrido mexicano, ska y hard rock. No faltó la mañana asesina que con la noche termina ahuyentando a los amantes. Ni tampoco a ese guerrero herido en combate llamado Dani Boy. “Estamos bien. Y que siga la buena racha”. Que así sea. Déjame ser cerró un setlist que no dejó indiferente a nadie. Un montón de canciones que sonaron en una noche lluviosa de jueves. Todas ellas significaron un olvido momentáneo de la rutina diaria. Las guitarras que acompañaron en más de una ocasión a Bruce y a Angus vieron otro concierto. Aunque el de Santero y los Muchachos no fue uno más. La explicación reside en el hecho de que múltiples sentimientos hicieron acto de presencia durante el tiempo que la música no paró de sonar. La calma y el orden en medio de tanto caos. Ahí es precisamente donde reside el poder de la música en directo. Amanecer cada noche y escuchar de los que duermen sus voces.

Sobre Mario de Jaime Moleres

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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