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Crónica | Suicidal Tendencies en la sala Totem: sudor, descontrol y adrenalina.

Los fans de este lado de Europa no estamos acostumbrados a poder ver a Suicidal Tendencies en salas. Casi siempre en los últimos años los hemos visto en escenarios grandes donde Mike Muir  tiene metros y metros para poder recorrerlo de lado a lado durante todo el concierto, dando muestras de un gran estado de forma físico y mental.

Pues bien, el pasado martes, día laboral, la parroquia hardcoreta tuvimos la oportunidad de poder presenciar el espectáculo deportivo de Suicidal Tendencies en la sala Totem de Atarrabia (Navarra). Pudimos ver a unos Suicidal cómodos, en su ambiente natural, alejados de la frialdad del gran escenario, comunicando con el público, empapados de su mismo propio sudor, invitando a la gente a unirse a la competición. Todo, desde el minuto uno con “You can´t bring me down”, con la que rompieron la espera.

Antes, una parte del público ya había estado calentando con Lubaki, trash/nu metal desde la periferia de Iruña, que nos transportó a finales de los 90 y principios del presente siglo, cuando el género estaba en auge con bandas como Limp Bizkit, Korn o Slipknot. Como gritó Markel, a la voz, “el metal no está muerto”, y así lo dejaron patente. Mucha salud gracias a bandas como Lubaki, que tocaron tanto repertorio de su álbum “Azala Aldatzen”, editado en 2019, como de la maqueta que sacaron el 2011, “Ekaitzaren Begia”.

 

Como digo, tras Lubaki, la sala se llenó para acoger a los de Venice, que tras “You can´t bring me down” y hasta “Institucionalized”, fue un continuo subidón de los ánimos, de la temperatura y del flipe de los asistentes con unos músicos capaces de dar nota a nota al mismo tiempo que no dejaban de correr, de saltar y de girar como peonzas. Alucinante.

No obstante, hubo algún pequeño momento de relax y virtuosismo, más si cabe, de la mano de los slaps de Tye Trujillo, que con apenas diecisiete años es capaz de ponerse a la altura tanto de su padre, como de los grandes bajistas que han pasado por el equipo de Suicidal.

Mike también aprovechó para lanzar un mensaje de apoyo a toda la gente que libra guerras sociales e individuales, que las sufre y de las que quiere salir, antes de acometer “War inside my head”. Y, obviamente, no se puede concebir un bolo de Suicidal sin un gran pogo, a pesar de que la edad de los presentes, no bajaba de los treinta y muchos. Locura total.

Era martes, y al día siguiente era día de escuela, pero nadie queríamos que terminase la potente velada de descontrol, sudor y adrenalina. “Pledge your allegiance” puso el punto final. Después de esto, cuando los asistentes que tuvieron la suerte de poder venir a la sala Totem, vuelvan a ver a Suicidal en un festival, seguro que echan de menos, y recuerdan, aquel bolo intenso de la sala Totem de Atarrabia. Nos vemos en la próxima.

Sobre Diego Marín Roig

Diego Marín Roig. Profesor de Geografía e Historia, algo melómano y autor del blog "Entre Besos y raíces". Desde Euskal Herria y Aragón para el mundo.

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