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Crónica | Tregua en Madrid, o la promesa de tocar hasta morir

Desde que conocí a Tregua a principios de 2019, ​“volver a tropezarnos, perdernos por los bares” era una necesidad. Necesidad que pudo verse satisfecha a finales del mes pasado cuando su gira Tocaremos hasta morir pasó por Madrid.

Pasadas las 9 de la noche, y habiéndose hecho esperar muy poco, los coruñeses subían al escenario de la Sala Cero dispuestos a hacer de la noche del 26 de noviembre una noche muy especial. ¡Y vaya si fue especial! Nada más sonar los primeros acordes de su segundo sencillo “Promesas olvidadas” el público bullió en palmas, saltos, pero sobre todo, en felicidad. A este tema le siguieron “El manual de la verdad”, “De vez en cuando”, “Miénteme” o “La última página” –entre otros–, los cuales fueron uno a uno presentando a un Mario, un Iván, un Adrián, un Miki y un Rubén cada vez más desenfadados, que sin apenas descanso fueron presentando su nuevo trabajo Lo urgente es vivir al tiempo que repasaban toda su anterior discografía, regalándonos una noche plagada de energía, sonrisas y rocanrol.

La primera cima de la velada llegó con “Kilómetro a kilómetro”, octavo corte de su nuevo disco dedicado a sus seguidores y la manera, según afirmó Mario, en que se forman las bandas de rock, llenó de guitarrazos y de abrazos la Sala Cero, sirviendo además de preludio del incendio final de un concierto en el que no faltaron ya grandes clásicos como “Un gramo de locura”, “Descalzo por tus besos” o “Volver a sonreír” los cuales sonaron sin descanso y golpe a golpe, y ensamblaron a la perfección con nuevos temas como “Arden las calles”, “Agua pasada” o “Uña y carne” para, como ya nos tienen acostumbrados, poner el punto y final a una noche repleta de agradecimientos y de ganas de recuperar el tiempo perdido con “Cara o cruz”.

¡Ganas de volver a teneros por la capital, amigos!

 

Sobre Maire Morrigan

Nacida en los 80 en un barrio conflictivo, crecí entre bakalas y boy-bands en los 90. En el 2000, me regalaron una cinta de cassette con “A golpes de rock and roll” en la cara A y "Revolcón" en la B. Fue mi primer pico. No he dejado de chutarme rock desde entonces.

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