Crónica | El Kanka en Málaga

Si le preguntáramos a un malagueño o malagueña de qué es lo primero que se le pasa por la cabeza cuando piensan en su tierra, o de qué es lo que presumen cuando alguien pregunta: «¿Por qué es Málaga una de las mejores ciudades para vivir?», posiblemente dirían dar un paseo por calle Larios, tomarse una nube en el Café Central, comer un espeto de sardinas en uno de los chiringuitos de Pedregalejo o regalar una biznaga a quien se quiera. Pero este fin de semana, un señor conocido artísticamente como El Kanka ha podido comprobar que su gente ya lo considera como uno de los mayores emblemas de Málaga.

«Bienvenidos, boquerones míos de mi corazón». Es lo primero que salió por la boca de El Kanka, poco después de romper el hielo con Volar, la cual fue coreada desde el principio por un público entregado desde la primera canción. Se les veía cómodos. Era como abrir Spotify en el coche y cantar mientras se pone el semáforo en verde, con la diferencia de que en esta ocasión teníamos justo enfrente al que alguna vez ha provocado que nos dieran un bocinazo por estar absortos en sus letras alegres y divertidas.

Con Llámame fino, ya todos estábamos entregados al buen rollo de Juan Gómez. La cosa iba de pasárselo bien. Porque vimos a padres disfrutando con cada acorde, a niños con la camiseta de la gira y, lo que es más importante, a familias bailando y cantando como si no hubiera un mañana. ¿No es precisamente eso lo que nos encanta ver cuando vamos a cualquier concierto? La noche, de la que era testigo una increíble luna llena que no quiso perderse tampoco a su paisano, continuaba con Para quedarte, y con continuos cambios de instrumento, desde ukeleles a acordeones.

Cada presentación de cada miembro de la banda era un deleite para los oídos. Ya quisiéramos que alguien nos presentara como presenta El Kanka a su fiel banda, a aquella que le sigue acompañando en esta gira. Uno de los momentos cumbres fue, sin duda, ese A dieta de dietas que nos recuerda que la vida es demasiado corta para no rebañar el plato y para no ponerle panceta a la ensalada. Y también no estamos en esto de vivir para no venirnos arriba cuando oímos La Macarena o a Chimo Bayo. Poco más que añadir. Poco a poco se iba notando que público y banda tenían una conexión especial. La división del público en Vengas cuando vengas lo hizo más que patente. «La parte derecha tenéis que cantar Baila como tú quieras bailar y la parte izquierda, Baila, baila. ¿Estáis preparados?.

Una noche en el sur no podía ser la misma si no hubiera retumbado la más que perfecta Andalucía. Más que nada porque nos viene a recordar que es una gozada vivir en cualquiera de las ocho ciudades que forman la mejor Comunidad Autónoma de España. «La de La Mezquita y la del espeto, la de la aceituna y la del aceitunero». Queda claro que nadie te va a querer como Andalucía te quiere. Entre continuos cánticos de cumpleaños feliz (aunque el cumpleaños del bueno de El Kanka fue el pasado día 9), llegó una de las sorpresas que no podíamos imaginar cuando veníamos camino del Auditorio Cortijo de Torres.

Y es que El José hizo acto de presencia en el escenario para colaborar con su amigo, con aquel que llama cuando quiere tomarse una cerveza. «Granada y Málaga juntos. Yo después te invitaré a un chupito de tequila». Sin embargo, todavía quedaban en el tintero esas canciones que ya forman parte de nuestra rutina diaria. Lo mal que estoy es una de ellas. Probablemente la más coreada hasta el momento. Antes del habitual descanso, El Kanka y compañía tocaron sin detención Canela en rama A desobedecer. «Si ya sabéis que no me iba a ir. Estaba justo ahí, detrás del escenario». De esta forma, le llegaron las Instrucciones para bailar un vals (ya nos hubiera gustado tener un profesor de baile así), Después de esta mañana y con ese Qué bello es vivir que dio paso a la explosión de confeti final, con Marisol y su corazón contento sonando de fondo. Porque sí, el vivir y el disfrutar de la vida es bello, pero lo es mucho más si vives en esta preciosa tierra llamada Andalucía.

 

Sobre Mario de Jaime

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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