El Canijo de Jerez

Entrevista | Canijo de Jerez

Marcos del Ojo puede presumir de que sus canciones, aquellas que compuso con su «compadre» Migue, se cantan en todos y cada uno de los rincones de nuestro país. Es muy difícil encontrarse a alguien que no sepa qué es eso de «El aire de la calle» o por qué cada 21 de marzo las redes sociales se inundan de frases dándole la bienvenida a «La Primavera Trompetera». Es por ello por lo que el Canijo de Jerez es uno de los artistas más consagrados en el panorama musical, gracias, en parte, a su buen rollo dentro y fuera de los escenarios, el cual es la llave para que todo el que ame la música ame también a este músico nacido en Jerez de la Frontera hace 36 años.

Mario: Lo primero que quería preguntarte: ¿Qué ocurrió en ese año 2000 para que te centraras completamente en tu labor musical? Porque, entre otras muchas cosas, querías dedicarte al fútbol, si no me equivoco. ¿Qué recuerdos tienes de esos años y de la publicación del Sentimiento Garrapatero que nos traen las flores?

Canijo: A mí me ha gustado la pelota mucho desde siempre, pero la música ha estado presente en mi casa desde chiquitito, porque mi padre tocaba la guitarra y teníamos muchos vinilos, los que yo he heredado. Y claro, intentaba llevarlo todo pa’lante, hasta que conocí a mi compadre Miguel y formamos el grupo Los Delinqüentes, que además fue el primer grupo que formé en mi vida. Yo tocaba la guitarra, empecé a cantar en la playa de chico para ligar (risas), hasta que entré en el instituto, conocí a mi compadre y desde entonces era todos los días con la guitarra, componiendo canciones. Y entonces, en vez de ir a los entrenamientos, lo que hacía era escaquearme e irme con Migue a tocar. Y mi padre, que le gusta mucho el fútbol decía siempre: «¡Este niño no quiere ya jugar al fútbol ni ná, sólo quiere la guitarra!». Hasta que nos empezó a ir bien, sacamos la primera maqueta en 1999, empezamos a hablar con las discográficas y ahí fue cuando mi padre vio más color y me dijo: «Bueno, hijo, deja el fútbol ya y dedícate a la música anda…» (risas).

M: ¿Qué piensas que tenían Los Delinqüentes para que se convirtieran en una de las bandas más potentes del panorama musical del nuevo milenio?

C: Yo creo que lo que tiene que haber para que un grupo funcione son buenas canciones. Aunque claro, también debe haber un poco de suerte y encontrarte con la persona adecuada, que te ayude un poco cuando das los primeros pasos. Nosotros tuvimos la suerte de contar con nuestro productor Josema Pelayo, que es un tío de puta madre. Él fue quien se puso en contacto con las discográficas. Entonces es un poco de todo, de suerte y de componer buenas canciones. Nosotros creo que teníamos muy buenos estribillos, por lo que empezamos a mover la maqueta por todos lados y el boca a boca funcionó mucho, empezó a correrse la voz de que las letras eran desenfadadas y justo ahí fue cuando empezamos a despegar.

M: Con el Verde Rebelde vuelve quisisteis homenajear a tu gran amigo Migue. ¿Fue el momento más complicado de tu carrera? ¿Te planteaste en algún momento abandonar el proyecto de Los Delinqüentes?

C: Hombre, por supuesto, me lo planteé del tirón. Porque nosotros hicimos disco de oro con nuestro primer trabajo, nos empezaron a llamar de todos sitios para tocar… Lo que pasa es que mi compadre Miguel no lo pudo llevar tan bien, tuvo además un problema de brote psicótico y también surgió el tema de las drogas, que no nos sentó nada bien. Entonces fue un cúmulo de cosas que mi compadre no pudo aguantar, tuvo que meterse en un centro de desintoxicación y todo lo que finalmente ocurrió nos afectó bastante y llegamos a plantearnos el pararnos, dejar la música. Hasta que en julio de 2004 recibimos la triste noticia de su fallecimiento, dejando un legado de canciones infinito, que al menos es lo que me reconforta y me hace feliz, el que siempre esté presente en canciones como El aire de la calle, El rey del regaliz, La Madriguera… Y lo único que pudimos hacer para curar toda esa pena era coger la guitarra y seguir componiendo, que es lo que precisamente hice con El verde rebelde vuelve, con canciones positivas y alegres que venían de intentar tirar palante, como La Primavera Trompetera, Pirata del Estrecho No llevamos ná.

M: Con El nuevo despertar de la farándula cósmica se inicia tu carrera en solitario. Desde entonces, no has parado de dar conciertos en salas y festivales de todo el país. ¿Consideras que un músico tiene que estar en la carretera todo el tiempo que pueda? ¿O que hay que tomarse un amplio descanso entre gira y gira?

C: Pienso que eso depende de cada persona. Cada músico es un mundo. Yo, por ejemplo, soy una persona que me encanta estar en la carretera constantemente, el ir a conciertos, tocar… Me hace feliz, el enseñar mis canciones por el mundo. Luego hay gente que se cansan más, todos necesitamos nuestro tiempo de descanso y cuando yo me he pegado una de estas giras largas, de recorrer España de arriba a abajo siempre acabas muy cansado. Es ahí cuando dices: «Me voy a pegar un año sabático», pero yo no pienso nunca en un año sabático. Cuando estoy en casa descansando siempre estoy pensando en salir a la carretera de nuevo. Por el contrario hay artistas que piensan diferente, como te he dicho antes. Lo que sí creo es que la carretera es muy importante para forjar el espíritu de una banda y para conectarte con tu público, porque el directo es la verdad más absoluta. Puedes grabar canciones, pero en directo es donde tienes que desenvolverte mejor.

M: También hay que llenar la nevera, eso está claro…

C: Hombre, por supuesto. A ver, también se puede llenar la nevera sin hacer conciertos. Con vender muchos discos, que no es mi caso (risas), pues puede ser posible. Pero a mí me encantaría seguir tocando, porque creo que no existe una sustancia o estupefaciente que pueda igualar la sensación de estar tocando encima de un escenario.

M: Una de esas giras fue con Juanito Makandé, formando el grupo Estricnina. ¿Qué nos puedes contar de esa gira? ¿Te dejó buen sabor de boca?

C: Sí, la verdad. Juanito Makandé es mi compadre desde hace muchos años, prácticamente empezamos juntos en esto, lo que hizo que se creara una bonita amistad. Y con el paso de los años me ha ayudado a producir discos, entre otras muchas cosas. Y Estricnina fue un proyecto de hacer algo paralelo a lo que llevábamos haciendo habitualmente, con influencias de grupos rock que nos gustan, como Pink Floyd por ejemplo. Y, sí, sacamos el disco y la gira fue una experiencia muy guapa.

M: Precisamente, hace cosa de un mes y medio llegó la Primavera Trompetera. ¿Cómo surgió ese tema que todo el mundo tiene en su cabeza? ¿Recuerdas el día que nació la canción? 

C: Pues me acuerdo perfectamente. Fue una de esas canciones que te salen en cinco o diez minutos, de esas que salen solas. También fue el caso de Poeta encadenado por ejemplo. Hay otras, en cambio, que me tiro un año para terminarlas. Y sí, me acuerdo porque estaba en casa de mis padres, que por esa época todavía vivía con ellos, y mi padre trabajaba en un hospital, así que me fui al salón con mi guitarra. Porque mi padre trabajaba un día sí y otro no, y cuando no trabajaba el salón no se podía pisar con la guitarra, me fui para mi cuarto y ahí con la guitarrita muy flojito, empecé y el estribillo me salió entero del tirón. Al día siguiente, terminé la estrofa. Pero «La primavera trompetera ya llegó, ya me despido del abrigo…» me salió en cinco minutos , con mi madre durmiendo. Y claro, la tenía que cantar muy bajito (canta el estribillo en voz baja). Casi en silencio (risas).

M: Pura curiosidad: ¿Qué significa para ti ser un garrapatero/a?

C: Ser garrapatero es una filosofía de vida. Es como ser un hippie callejero, sin alejarte de donde vienes, de tus raíces, de no faltarle el respeto a los demás, por supuesto, y escuchando buena música. Es como Los Chichos, Pata Negra, o como Maradona, porque Maradona también es garrapatero.

M: ¿Ah, sí? Mira, no tenía ni idea de que Maradona era garrapatero (risas). Volviendo a la salida al mercado de tu último disco, hace escasas semanas lanzaste El murmullo de los insectos nocturnos, o lo que es lo mismo, tus canciones «en crudo» de Manual del Jaleo. ¿Hubo alguna razón en especial para hacerlo?

C: Lo que me movió es que, como mi disco Manual del Jaleo salió el año pasado, y se ha vendido tan bien, además de seguir de gira con este disco, pues decidimos hacer algo nuevo, darle algo de vidilla al público. Y, no sé, me parece algo interesante, es como un regalo para el público que me sigue. Aparte, que yo disfruto mucho haciendo este tipo de cosas.

M: Y, por último, entre tus muchas citas veraniegas, está la del festival BeldaRock de Las Cuevas de San Marcos, que desde La Sexta Cuerda apadrinamos. ¿Qué les podemos decir a toda esa gente que todavía no se han decidido a ir al festival, y ya de paso darse una vuelta por Málaga y Jerez?

C: Pues qué le voy a decir, si yo me llamo Marcos… Que todo el mundo se vaya para Cuevas, todo que el que rule por ahí. Porque, además, el concierto va a ser un conciertazo, vamos a tocar las canciones de Manual del Jaleo, que están funcionando tan bien, como Volar sin alas, pero si hay alguien nostálgico que le apetezca escuchar canciones de Los Delinqüentes, las va a encontrar. Todos los buques insignia que me han acompañado durante toda mi vida los cantaremos. Además, la temperatura nos va a acompañar. Lo pasaremos muy bien todos juntos.

Sobre Mario de Jaime

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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