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Concierto: Gato Ventura y los Errantes + Deltó

En el instante en el que uno entra a La Trinchera los ojos se le van hasta las incontables pegatinas que copan el espacio dedicado a a los controles de sonido: Mitad Doble, Malaka Youth… Bandas que pasaron alguna que otra vez por ese escenario y que decidieron incluir uno de sus adhesivos para hacerse conocer entre el público. Pues bien, la noche del 2 de junio era el turno de los cordobeses y pacenses Deltó, un tributo a Extremoduro que puso patas arriba La Trinchera.

Y es que, antes de que los riffs de guitarra de Uoho y compañía llenaran la sala, ya se escuchaba a Rosendo y a La Fuga en los altavoces. La noche prometía, ¿no creéis? Y así los protagonistas de la noche se dejaron ver por la pasarela que da acceso a los backstage y que conecta con el escenario. Cogieron sus instrumentos, encendieron los amplis Blackstar y tocaron algunos temas suyos, de fabricación propia. “Vamos a tocar algunos temas nuestros antes de que aparezca Deltó por aquí”. Dicho y hecho. Gato Ventura (llamada así por el apodo de su cantante y guitarrista) y los Errantes suenan a ese rock plenamente andaluz y que hace que el pie se mueva sólo sin necesidad de saber una sola palabra de la canción. Personalmente, me recordaron bastante a Albertucho, por lo que no puedo tener ninguna mala crítica hacia Gato Ventura y los Errantes. Dijeron hasta luego con una versión espectacular de Mi Gran Noche que hizo de previa al descontrol que nos esperaba a todos los que estábamos cerveza en mano. ¡A escuchar todos rock andaluz y a presumir de esta magnífica tierra donde nos ha tocado vivir! Y tened en cuenta que podrán cortar todas las flores pero nunca podrán parar la primavera. Ahí os lo dejo.

Terminó Gato Ventura cuando pasaban quince minutos de la medianoche. Cada vez entraba más gente a la sala y cada segundo que pasaba significaba uno menos para que nos dejásemos la voz cantando y bailando esos auténticos himnos que ha creado la banda formada en los alrededores de Plasencia. Cruzaron la pasarela de nuevo, se quitaron sus camisetas (o se la cambiaron) y de vuelta al escenario. “Somos los mismos de antes, pero ahora os vamos a enseñar la diferencia de haber escuchado una vez una canción y haberla escuchado mil”. Acto seguido ya sonaban los primeros acordes de “A fuego”, seguidos de “Sol de invierno”. Apenas había transcurrido veinte minutos y el público estaba totalmente entregado. Porque, ¿hay algo más bonito en el mundo que estar tocando con tu banda y que la gente que te acompañe cante contigo todas y cada una de las palabras que salen de los labios de vuestro cantante? Ahí reside la importancia de las bandas tributo: en que pasemos un buen rato cantando todas aquellas canciones que han formado, forman y formarán parte de nuestra vida. Y precisamente por esta razón son tan necesarias.

Entre anécdotas y chascarrillos de todo el grupo, se fueron sucediendo canciones como “Ama, ama y ensancha el alma”, “Amor castúo”, “Duende del parque”, “Pepe Botika”, “Golfa” o “Decidí” , entre otras muchas. Pero la que llevó al delirio y a los pogos fue esa “So Payaso” que hace que gritemos eso de : “¡A ver qué me dice después, So Payaso! Y claro, a partir de aquí a más de uno le empezó a fallar la voz. Pero aún quedaba tiempo para “La vereda de la puerta de atrás”, “Deltoya” o “Jesucristo García”. La banda dijo adiós durante un instante para volver con “Bribriblibli” y con la posterior presentación de los protagonistas que se encargaron de que no hubiera una sola persona en la sala que no voceara aquello de “¡Mira por dónde van los Deltó, para mí que ya están pedo!”.

Como punto final se guardaron en la chistera el cántico por excelencia de cualquier fiesta que se precie. Sí, me refiero a la frase que hemos dicho todos en algún momento de nuestra vida: “Salir, beber, el rollo de siempre…”. Pues lo dicho, fue un auténtico placer asistir a una de las bandas tributo con más éxito que mis ojos han tenido oportunidad de ver. Gracias Deltó y gracias a Gato, Víctor, Julián y Anto por una noche grandiosa. Porque, al fin y al cabo, ¿qué importa ser poeta o ser basura?.

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Sobre Mario de Jaime Moleres

¿Hay algo mejor que abrir la aplicación de música de tu móvil, ponerte los cascos y cantar en voz alta pensando que tienes una voz angelical cuando en realidad cantas peor que un grillo mojado? Así se podría resumir mi día a día, porque si no estoy de esta guisa me encontrarás en cualquier concierto y en cualquier sala de por ahí. Por cierto, también toco una poco la guitarra y soy periodista, aunque creo que es lo menos importante.

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