Grupos tributo

La creatividad ya estaba herida de muerte (otra mirada a los tributos)

Últimamente salen grupos tributo debajo de las piedras. En cualquier ciudad medianamente grande, cuatro o cinco grupos que copian a Metallica, AC DC o Extremoduro compiten por ser programados en conciertos o festivales, ocupando un lugar que podría ser para artistas que sí tengan algo original que decir. Esto no está de más señalarlo, pero una cosa es reconocer una realidad y analizarla, y otra cosa es confundir causa con consecuencia. ¿Los grupos tributo están destruyendo creatividad?

Homenaje a los que ya no están

Un homenaje en un momento puntual o proyectos como God Save the Queen no tenían por qué levantar críticas. El famoso tributo argentino a la banda de Freddie Mercury es un ejemplo de profesionalidad de sus músicos, y podía servir para acercar una experiencia cercana al original para personas que no llegaron a ver al cantante en vida, o que no pudieran permitirse viajar en su momento por vivir en poblaciones menores. En mi caso, les he llegado a ver gratis en las fiestas de un barrio de mi ciudad, Zaragoza, pero es cierto que ya hace un tiempo que el grupo ofrece recitales con un precio mínimo de 40 euros.

Mercado vs Creatividad

Porque al final, lo que se impone es la ley de la oferta y la demanda. Se puede comprobar como el mercado ha ido mermando la creatividad de cada movimiento musical que se alzaba, desde la época de Elvis Presley hasta los Punks. Cualquier etiqueta musical encierra un concepto comercial, ya que tiene un tipo de público objetivo que podría sentirse decepcionado al ver que su grupo favorito ya no es lo que era al cambiar de estilo o evolucionar su música. Todo artista consagrado que hace una evolución real, acaba arriesgando su posición en las listas de ventas; a uno les sale mejor (pueden abrirse incluso a más público) y a otros peor, pero la industria musical al fin y al cabo es eso, una industria, aunque lo que se comercialice sea el arte. Ahora bien, ¿por qué ahora la explosión de los grupos tributo? ¿Qué tiene esta nuestra época que no hayan sufrido las décadas de los 70, 80, etc.? ¿Se ha hecho ya tanta música que solo queda copiar?

Siguen siendo músicos

No hay que olvidar que los integrantes de los tributos siguen siendo músicos. Personas que han dedicado un valioso tiempo de su vida a aprender música y a desenvolverse con un instrumento, y que cada vez que van a tocar por ahí, sufren los mismos problemas: horas muertas en pueblos esperando a probar sonido, cargas y descargas del backline, pues no hay dinero para pagar a montadores; reticencias para dar de alta en la seguridad social, peligrosos viajes nocturnos de vuelta a casa, con el mismo cansancio acumulado de todo el día sin dormir… En cuanto al repertorio, hay grupos que se lo curran más que otros, pero lo que no se puede discutir es la demanda que provocan. Es triste, pero hoy en día mucha gente prefiere simular un concierto de Fito&Fitipaldis (sí, aunque sigan en activo) que abrir sus orejas a nuevas canciones.

No pretendo dar el argumento de la resignación, del «esto es lo que hay», ni tampoco salir con que, como el mercado ya había jodido la creatividad, ahora qué más dará que existan grupos que copien a los antiguos, si total, ya estaba muerta. Pero tampoco despreciaré nunca a una banda tributo que sea profesional, todos somos músicos y estamos en el mismo barco. Hay quien dirá que los intereses mercantiles de la industria existían ya de antes, pero también es cierto que, con todos los abusos del mundo, esa industria se preocupaba por sacar adelante una grabación en estudio, se apostaba más por la creatividad. Desde que allá por 2003 ya un 13% de los europeos descargábamos música de Internet (¡hace 14 años!), esto ocurre cada vez menos.

Piratería y discográficas

A mí, la movilización contra la conocida como Ley Sinde, que la ministra con ese mismo apellido impulsó en 2009, siempre me ha parecido muy hipócrita. Me explico, esto no quiere decir que me parezca bien esa forma de legislar sobre las descargas en Internet; yo creo firmemente que la cultura debería ser de acceso libre a todo el mundo (que no es lo mismo que gratuita), y en un momento en el que se empezaba a difundir masivamente contenidos por Internet, la lógica de un gobierno de un partido como el PSOE le llevó a legislar en favor de la rentabilidad empresarial del sector cinematográfico.

En este punto es donde miles de usuarios encontraron la excusa para exigir poder bajarse 10 películas o 14 discos por día sin mirar nada más, decir que es que la industria abusaba, también de los propios autores. Eso sí, nadie se había preocupado por los autores hasta que llegaron las descargas masivas, y con ello el miedo a que se privara a los usuarios de tener toda la cultura a su disposición. Podías ver a gente que no se había comprado un disco en su vida y que jamás se lo iba a comprar, abanderándose como los que de verdad se preocupan por los autores y por los abusos que sufrían por parte de las discográficas (también existían discográficas independientes por aquel entonces, pero a quién le importa). Que si el autor solo percibía un 8% de los beneficios por disco vendido, que donde de verdad había que ganar el dinero es en los conciertos, como si grabar un disco fuera barato… Excusas lanzadas al aire, porque, no nos engañemos, ahora cualquiera con un poco de idea puede montarse un estudio de grabación en su casa que sería la envidia de un técnico de sonido de los 80, pero eso no es suficiente para difundir el trabajo. Y que grabar un disco de manera profesional, es trabajo de profesionales. Internet no ha democratizado la cultura, y si no que alguien me explique por qué en 2017 Guns ‘N’ Roses y Metallica son dos de los conciertos más multitudinarios del mundo allá donde vayan.

Sobrevivir no es vivir, y en un mundo donde la rentabilidad es sinónimo de éxito, solo se puede vivir adaptándose al modelo de negocio

Concluyendo, la música siempre existirá porque la pasión de las personas la sostiene, ya sean oyentes o gente dedicada al sector, en cualquiera de sus vertientes musicales o técnicas; pero sobrevivir no es lo mismo que vivir, y en un mundo donde la rentabilidad es sinónimo de éxito, solo se puede vivir adaptándose al modelo de negocio. Esto ya de por sí pone en peligro la creatividad, porque los autores son seres con necesidades básicas, como comer. Así comenzó a visibilizarse con el bajón en las ventas y producción de discos, pero la música en directo también se está viendo afectada cada vez más. No se apuesta por las nuevas bandas con temas propios, y eso es un problema, pero no creo que haya que ver enemigos entre nosotros (otro tema sería el averiguar cuanta gente que toca en un tributo lo hace para tener con qué sacar adelante su proyecto propio). El enemigo es un modelo de negocio obsoleto, que con la excusa de la bajada de ventas se va encerrando cada vez más en los artistas (en algunos casos prefabricados) que se sabe que van a llenar estadios. La rentabilidad siempre ha influido en la creatividad pero ahora directamente la está prostituyendo. Y nosotros señalando al músico…

 

🤘 La #otra crítica aquí: bit.ly/BTFlC

 

Sobre Javier Lafuente Tomás

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