Crónica | Manifa | 22.12.2018

Poco se ha hablado del petardazo que atronó la Sala Caracol el penúltimo sábado del 2018. ¿Los culpables? Manifa, banda formada en Errepelega que en tiempos de pastiches, de postureo y de creación de nuevos géneros musicales y a la vez no, se decantan por la vieja escuela: punk de tomo y lomo no apto para blandos.

Como todos sabemos que las salas de Madrid tienen impuesto su toque de queda – y la Caracol no iba a ser una excepción – el cartel compartido en redes pedía Punktualidad”.

A las 20.30, recién abiertas las puertas, Harto, estrella de la noche, esperaba en la puerta con sus ojos luminosos y vestido de Papá Noel, ofreciendo narices de payaso. El interior de la sala contaba con pocos asistentes, lo que fue un punto a mi favor, que pude ir al stand del merchan a recoger el paquete bomba que había a mi nombre, pillar un tercio y buscar un buen sitio alejado de la zona de pogo mientras la sala se iba llenando.

A las nueve en punto Marpe, Unax, Josu y Asier tomaban posiciones entre luces y sombras, y tras los primeros baquetazos aparecía Mena, bate manifero en mano. Al grito de “¡Buenas noches, Barcelona!” y “¡Visca Catalunya!” el bolo arrancó con “Generación rendida”, tema de frases tan contundentes como “Toda mi generación derrotada antes de luchar / firmaron la rendición y algún día nos pesará” que, se mire por donde se mire, escupen ira. Elección sublime para ir caldeando el ambiente. Una vez desatada la furia, Manifa desparramó sin cortarse ingentes dosis de punk. Estaba claro que habían venido a la capital a hacer botar, sudar y pegar unos buenos empujones a un público ávido de letras abrasivas y deslenguadas.

Con temas como “Tienes derecho”, “El obrero cabreado”, “Las diez mentiras universales del rock”, “A las mariscadas”, “Poder y fascismo”, “Sí pasarán”, “Cristales rotos”, “Cuidarán de ti”, “El ataque de los clones”, “Dios salve al Viña”, “Cuando ya no veas más”, “La casa del señor”, o “De punki a bakaluti” los Manifa dieron un repaso a sus cuatro álbumes Poder y fascismo, Ni tan buenos como quisieran ni tan malos como piensan y El gran circo del rock – de 2007, 2010 y 2013 respectivamente, y compilados en su Ruido del bueno de 2015 –, y su último trabajo de 2016 Cristales rotos con un repertorio al que no le faltó gas ni un sólo instante. La continuidad y la contundencia de los temas elegidos hicieron subir los niveles de diversión y adrenalina al máximo en pocos minutos y así se mantuvieron durante la hora que duró aproximadamente el bolo.

Con un sonido de calidad brutal, una potente batería desde la que Unax se encargó de marcar el ritmo acelerado que piden los temas, una línea de bajo que Josu mantuvo constante durante todo el bolo, unas muy bien conjugadas guitarras y un Mena, apisonadora total sobre el escenario, que no dejó de saltar, agitar el bate, bailar – sí, sí, los no asistentes os perdisteis; se marcó un Shakira y un ‘swish-swish’. Ahí es nada – golpear el suelo del escenario con el martillo gigante de Harto a la vez que azuzaba a la masa con provocaciones y comentarios que exudaban ironía y acidez entre canción y canción, siempre el tiempo justo para que el ambiente no decayera absolutamente nada, el concierto terminó con “El gran circo del rock”, que nos dejó en la cresta de una ola y una sensación unánime de energía y disfrute tras haber presenciado una actuación salvaje e indómita.

Ya lo dije al anunciar el bolo: el punk está muy vivo, sigue siendo un género que, en parte por supervivencia y en parte por expansión, demuestra que tiene una actitud de base irreductible que continúa prosperando aún con Joe Strummer, Sid Vicious, Mahoma Agirreurreta o Iosu Expósito bajo tierra, y con Johnny Rotten haciendo anuncios de mantequilla.

No hagáis caso al ethos nihilista del “God Save the Queen” y de “Cerebros destruidos”, el punk es futuro: es una actitud de búsqueda, de no seguir servilmente las reglas. Es una escena que se inclina hacia el cambio. Hace falta más punk gamberro.

Sobre Maire Morrigan

Nacida en los 80 en un barrio conflictivo, crecí entre bakalas y boy-bands en los 90. En el 2000, me regalaron una cinta de cassette con “A golpes de rock and roll” en la cara A y "Revolcón" en la B. Fue mi primer pico. No he dejado de chutarme rock desde entonces.

¿Te gustaría darnos tu opinión o aportar algún comentario?

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *