NoProcede | Morder y esperar

Desde que descubriese fortuitamente a NoProcede a finales del año pasado, su segundo disco Grisú (2016) ha sido uno de mis compañeros de carretera favoritos, con temas que tengo grabados a fuego en la patata como “Más calibre” y “Saltan las ratas”. No es de extrañar que a las 00.00 (bueno, quizá fueran las 00.07…) del pasado viernes la imagen de fondo de mi móvil fuese la siguiente:

Tras tres días de escucha casi en bucle sólo puedo decir que ese dragón de Komodo ha venido dispuesto a devorarnos a todos. Y conmigo ya ha empezado. Os cuento por qué:

Ya en Grisú el nivel vocal, instrumental y lírico de la banda era brutal, algo que han madurado y afianzado en Morder y esperar. Este combo da sin duda solidez a los diez temas que componen el disco, todos ellos sin artificios ni aditivos, pero de lírica compleja que, no sólo merecen, sino que requieren más de una escucha, pues entre la primera y las siguientes se les puede sacar a todos ellos un color distinto.

Morder y esperar lo inaugura “Mentir por dentro”, tema que destila rabia y mala hostia tanto en la letra como en el juego de guitarras y la potencia de la base, pero que de lo bien medidas y distribuidas que están hacen que sea el doble de efectivo y espectacular. Su contundente estribillo, además, lo convierte en inmejorable elección para abrir el disco.

Que a los nueve segundos de canción aparezca el atributo tróspido ya hace que ésta merezca la pena. Pero si además su segunda estrofa comienza con uno de tus lemas vitales – “Si sumas estás dentro; si restas te largas de aquí” – se merece estar entre tus favoritas sí o sí. Efectivamente es lo que sucede con “Ruido sordo”, tema de progresión más lenta que el anterior, pero en el que la contundencia de la batería que nos conduce al solo de guitarra y el fraseo del estribillo hace que no decaiga la potencia. Ni la rabia.

“Fracasar mejor” es el tema con el que pusieron las cartas encima de la mesa nada más comenzar el año.

Cañero y melódico a partes iguales, destaca por su estribillo enérgico y creciente pero, sobre todo, por – ¡Ojo! Que igual aquí me estoy tirando un triple y la única friki que hay en la sala soy yo… – cómo resuena Beckett en todo él. No sólo por el guiño a Worstward Ho en el título (“Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.”), sino por el mensaje global de resistencia al vacío que queda, de continuar a pesar de todo, como en la frase final de su The Unnamable: “You must go on, I can’t go on, I’ll go on.”

Estalla a continuación “De mecha corta”, tema ágil y con chispa cuyo título ya anticipa el incendio que traerá consigo. Su letra furiosa (“Quema la vida, ya nada importa. Nos destrozamos la piel entre silencios […] nos importó nada echar más leña al fuego, y nos quemamos los dos”) en comunión con una tormenta a de instrumentos augura con toda seguridad un potente y eufórico directo.

Llegamos al ecuador del disco. Va haciendo falta una lenta, ¿no? Pues quien quiera respirar, que tire de ventolín, porque la caña aquí no cesa. Si bien tiene un comienzo más suave, “El karma de los gatos” no permite dar tregua y las melodías se clavan bajo buenas guitarras y un timbre tan rasgado como de desgarradas (y desgarradoras) son sus frases.

Dándole un protagonismo inicial a la batería comienza el que desde la primera escucha fue mi tema favorito: “Barrera de coral”, y es que es un corte que engancha a la primera. Totalmente contagiosa en su estribillo, mantiene un ritmo aplastante que invita a escucharla a todo volumen y cantarla a pleno pulmón. Su estructura, patrón instrumental, y su energía desbocada logran hacerse hueco en nuestra cabeza y despertar el recuerdo de la melodía en el momento menos pensado. Pura magia que mejora con cada escucha.

“Miedo al miedo” juega con un riff de inicio y un remate más melódico hacia la mitad que da equilibrio a un tema rápido, de guitarras más adustas y una parte rítmica en constante ebullición, que precede a “La antesala del desastre”, otra muestra de la inteligente elección de primeros adelantos. De base más punkrockera, la canción abre con gran contundencia y da pasos en firme hasta llegar a un estribillo ganador entre muchos.

“Vértigo el cielo” quizá sea uno de los temas con mayor profundidad lírica. El ritmo suave con el que da comienzo se configura como la calma que precede a la tempestad, ya que crece instrumentalmente hasta desembocar en un sonido mucho más duro y en un final intenso, para dar lugar al corte final del disco, “Modo experto”, en la que la intimidad del acústico compuesto únicamente por la guitarra y la voz de Beltrán cierra este trabajo dejándonos con un puntito de melancolía y, a mí, con una imagen: “Cuando escampó la tormenta, sonriendo al desastre, pedimos perdón.”

Morder y esperar me ha encantado, y seguramente podría seguir escribiendo motivos por los que todo el mundo debería ir corriendo a escucharlo. Podría decir que son 36 minutos de explosión musical. Podría decir que tiene grandes composiciones. Podría decir que NoProcede ha hecho un magnífico uso de los sentimientos para forjar un álbum con profundidad y carácter. Podría decir que no sobra nada, y que lo que le falta es petarlo en directo. Pero, ¿por qué no hacen click más abajo? Juzguen, disfruten, regálense un poquito de música.

 

 

Sobre Maire Morrigan

Nacida en los 80 en un barrio conflictivo, crecí entre bakalas y boy-bands en los 90. En el 2000, me regalaron una cinta de cassette con “A golpes de rock and roll” en la cara A y "Revolcón" en la B. Fue mi primer pico. No he dejado de chutarme rock desde entonces.

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