Ruben Ciano

Rubén Ciano: Hay que quererlo como es…

Cuando estaba en la escuela de idiomas vino de lector un alemán que era más heavy que las pulseras de Rob Halford, y cuando le pregunté su banda favorita dijo el Reno Renardo.

“Buenas guitarras”, dijo con un acento bávaro cerrado. Flipando, le pregunté si sabía que querían decir las letras, y cuando le traduje un estribillo con mi alemán en sioux se quedó tan de piedra que prometió ir al traductor de Google. Un compañero de clase, que también era heavy como los anillos de Ozzy Osbourne dijo una frase que se me quedó grabada: “Si estos tíos (el Reno Renardo) se ponen un poco intensitos, serían una banda de referencia”.

Hoy tenemos a uno de esos tipos que esconde su buen hacer y sus virtudes entre el cachondeo: Ruben-Ciano, autodenominado Clowntautor. Una batería, una guitarra acústica y una propuesta muy original. Este es el concierto 84 de más de cien en un año natural. Bat, bi, iru… ¡Caña!

 

Presentación. Primero de todo, es un disco en directo, así que diez segundos de ovación y entra la primera colleja: Soy Rubén-Ciano y soy como los chatos/de vino, cabezón y riojano. Un minutito para calentar los dedos y entrar en harina.

¿Qué te pasa? Nadie podría hacer más música con menos. Un redoble casi de rap de fondo, la guitarra y un silbido. Una temática a lo Whiskey in the jar, de un tipo que está triste porque bebe y bebe porque está triste. Nada más terminar, una parida que relaja el ambiente y da entrada a la siguiente.

Rubén-Ciano, y sin ser un reto, podría hacer punk con un ukelele

Personal Jesus. Entre Depeche Mode y Johnny Cash y sin nada que envidiarle a ninguno. En este momento lo digo y lo repetiré dos docenas de veces, tengo delante uno de los vocalistas más versátiles que tengo delante. Lo mismo saca una voz cavernosa como un barítono de ópera que romper el estribillo con un alarido hardcore. Y empieza (marca de la casa) a contar sus pijaditas de Pradejón y a pedir la colaboración del público. Aunque no lo hayas visto nunca, a la segunda canción estás entregado a berrear cuando lo indica.

Perdóname. La guitarra y batería pisan el acelerador y saca la canción más pop, letra hablando de desamor, pero desde un punto a lo Rulo, o La fuga. Se pasan las canciones en un parpadeo.

Apariencias. Versiona a Rosendo. No es un copia-pega, es llevarse la canción a su terreno, al mínimo de recursos que aplica este muchacho y a la voz, que por tramos parece capaz de pasar de S.A. al cante jondo. Y en un parpadeo, está con lo de Pradejón, pasando a la siguiente.

La prima de Riesgo. ¿Se puede hacer punk con una guitarra acústica? Rubén-Ciano, y sin ser un reto, podría hacer punk con un ukelele. Uno de los temas más políticos, y también de los más pegadizos (llevo dos días silbándola). Mucho bien, que es más que muy.

Bella ciao. ¿Alguien que no la conozca? Es un himno de esos que pone la piel de gallina, y si tienes un tipo que pone una voz potente como una excavadora, joder, pues qué difícil es no gritar esta es la flor del guerrillero muerto por la libertad.

Lo encuentro. No sé por qué, pero la primera estrofa, aparte de darme una tristeza horrorosa, me trae a la cabeza a Serrat, con la de deja de joder con la pelota. Tratar a diario con una chica de 15 años me ha hecho apreciar la profundidad de esta letra y de la preocupación que encierra. Es su generación, y después de los noventa, saturados de información…

Dime Juan. Otra de esas canciones urbanas, parece que te lo imaginas en el metro de Moscú tocando. La letra me trae a la mente un rap del Xhelazz, sólo son vidas. Por eso digo, Rubén-Ciano no es sólo risas y paridas. Hay por debajo un mensaje claro y una reflexión sesuda.

Ruben Ciano

Hacer el amor… La primera vez que la oí, en directo, no conocía de nada a este artista, ni su discografía. A medida que iba avanzando la letra pasé de sonrisilla a carcajada, a partirme, a llorar y a que mi madre se pusiera como un tomate porque todo el mundo se volvía a ver quién era el gilipollas que estaba al borde del colapso. Para una vez que liga, vienen los padres y allá que se tira en pelotas por el balcón. La habré oído cien veces y me sigo partiendo. Ojo al finalón a lo Pepe Blanco. Ojalá estuviera mi abuelo para pedirle a este chaval que le cantara una jota.

Que llego tarde. Tano se pone en plan rap a todo trapo y el míster que le saca unos sonidos psicodélicos antes de versionar a The Police. Con Rubén-Ciano puede pasar de todo. Hemos pasado por Johnny Cash, Boikot, Sting, Pepe Blanco y aún nos queda metralla.

Voz, que por tramos parece capaz de pasar de S.A. al cante jondo.

Egocéntrico. Ritmo de caja a toda tela y guitarra voladora mientras nos va diciendo adiós con la manita. Parece que estuvieran en una jam, sacando la canción sobre la marcha, y como casi todas, en un parpadeo cambia el tercio.

Despedida. La misma que nos ha recibido. Tiempo para reflexionar. Un tipo versátil, con una voz que parece capaz de todo, con más mensaje que el pitorreo simplemente, con versiones, con un mensaje político de inconformismo y sobre todo de muy buen rollo, de ganas de divertirse y de hacerse valer, recibiendo al público a pecho descubierto, sin artificios. Lo he visto en directo por lo menos cuatro o cinco veces y aún impresiona más lo que es capaz de crear con tan poquito. Uno que va a estar en primera fila en su próximo conciertillo.

Y para terminar, los enlaces.

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Sobre Justo I. Fernández

Director de La Sexta Cuerda. Apasionado de la música, enamorado del rock, amante del periodismo. Con años de experiencia en el sector audiovisual, trabajando dentro y fuera de España, me embarco en este sueño tan bonito que es La Sexta Cuerda.

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