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Ruben Pozo Vampiro

RUBÉN POZO – Vampiro

Gente

Una guitarra honda, a palo seco, remite a los orígenes del disco, acústico en su concepción pero arreglado por imperativo de las canciones. Desde un billar norteamericano de los años 60, donde a Rubén parece habérsele pegado algo del dandismo del Lichis, canta con ironía obviedades a recordar: Hace más feliz un sí que un no / Es mejor hacer que destruir / Cambiar el odio por amor / Luces cuando estás así. La batería y el bajo entran para retumbar el espinazo country del tema, que palpita cerca del “Out of the weekend” de Neil Young mientras respira oraciones de Pink Floyd (Dig that hole, forget the sun / When, at last, the work is done/ Don’t sit down, it’s time to dig another one). El estribillo culmina la arenga sencillita, que aspira a quitarle hierro a la trama a través del fraseo prolongado de su cantautor: No te juzgues duramente / Es humano el error / Es lo que tiene ser gente / Y no un robot. Ribetes americanos de guitarra y humo de teclado echan el primer telón de Vampiro.

 

Me pareces increíble

Divertido pop-rock que va del “Asco y vergüenza” que se pilla uno cuando no consigue enamorar: he probado hasta el vudú. / Procedo a inmolarme. Tranquilo, Rubén, que no es para tanto, mañana será otro día. ¡Qué idiota soy! / ¡Cuánto me odio! / Sé que para ti / soy solo un incordio. Y aún no se ve el fondo del Pozo cuando te niegan con distinción, porque te ves doblemente despeñado …eres tan elegante / y me capeas con tanta clase / que aún me siento peor.

 

Mañana es lunes

Ya han pasado cuatro discos y diez años desde que Rubén iniciara su proyecto en solitario. A modo de homenaje cotidiano, cumplida la década en la carretera, liberó la bonita “Mañana es lunes”. El propio autor, en la publicación de Youtube, explica la intencionalidad de la letra y la construcción de la balada, que tiene ocho versos de Isma Romero. Hechos de guitarra suave, los párrafos dialogan entre sí metiéndote en el bucle del día a día al que honra la canción. De otra dimensión a esta, de dormir en un escalón a chocar contra él, de resbalar en un corazón a caer por él. El viejo drama del pobre artista que no tiene más que música: No tengo nada en los bolsillos / solo un puente, un estribillo. Y ese estribillo, extenso, dulce y coreado, impregna de semana laboral el arte: Mañana es lunes otra vez / todo está empezando de nuevo. Y surge la pregunta, aquí formulada con una gramática peculiar, que uno se hace siempre que se acoraza contra la repetición de los días: y… ¿Qué hay ahí fuera bueno? Cuando el hechizo del alcohol termina deja desilusión y cansancio, expresados en unos versos con los que podemos empatizar hasta los provincianos sin trenes subterráneos: La noche se acaba / y ya huele a pasillo de metro.

 

Abel y Caín

Grabando la canción en los estudios Black Betty con Jose Nortes, de repente apareció Miguel, pues ellos dos están trabajando juntos a tope desde hace años. Su aparición hizo que se me encendiera la bombilla. A Mr Ríos le gustó la canción y accedió a grabar su voz. Solo me dijo: “Eso sí, yo no me pido ser Caín”. Así describe Rubén Pozo la colaboración con Miguel Ríos en esta extraña Abel y Caín. Unos acordes enigmáticos para la entrada de Pozo, una variación popera para Ríos y un estribillo roquero para la unión de ambas aguas. La letra, de las más punkis del ex integrante de Pereza, critica lo difícil de cohabitar en este sistema: Mediterráneo, hecho una morgue / hay una vida pa’ quien tenga y se la compre / Esclavo de un esclavo y de otro esclavo mayor / La banca siempre gana, es la ley del más fuerte / Se exporta el miedo, Mecanismos de control. Si en el primer tema de VAMPIRO se veía lógico que somos algo más que cyborgs, a ojos de la productividad capitalista no dejamos de ser cifras: Solo un número. Eso es la gente. El tema se pone exótico con los toques indios del sitar eléctrico y lunático con los aullidos de los dos cantantes. Esta Torre de Babel de la incomunicación ha sido grabada en los estudios Black Betty de Madrid y el videoclip rodado y editado por Las Del Cine.

 

Tras la tormenta

La cara B del disco se abre con otra guitarra polvorienta y la voz en el alambre de Rubén, que casi parece que no va a entonarse bien. Ya casi no nos vemos en esta isla desierta. Igual se refiere a estas canciones casi peladas de porche en la noche, de las que ya van quedando pocas. El estribillo es soplado como una brisa reconfortante que atraviesa el vacío húmedo y desbrozado tras la tormenta / negando la mayor / dándonos pena / el sueño terminó. Un sálvese quien pueda que ni se grita, que se sufre. Ondas de cuerdas hasta que el tema aumenta su volumen instrumental en el segundo párrafo y se engrandece al final, siempre con las explosiones prudentes de Rubén: Y pelear por nada / y estar solo ahí fuera / la estúpida carrera humana / el ratón, la rueda / los restos del amor / y tu puta novela / los márgenes del error / muerte en primavera.

 

Ya no eres mi problema

Una burbuja de distorsión. Un rock progresivo que se difumina en un ritmo picante sobre el que Rubén cuenta a la víctima de una relación tóxica. El estribillo, glaseado y machacón, repite un mantra de alivio: Ya no eres mi problema. Como de un lago de cristal picado por una guitarrita luminosa aparece una de las mejores estrofas del disco, acolchado en ecos de mujer y prolongado en riffs y teclados: No escuché la advertencia / No creí tal dimensión / De lo que hay en tu cabeza / me despide esta canción.

 

Siempre saludaba

Cuenta Rubén en las entrevistas promocionales de VAMPIRO que esta terna de canciones le han salido del tirón, una al día. Es tentador imaginar que Siempre saludaba salió con la misma facilidad que entra. Es una de las tonadillas más entretenidas y cariñosas del disco, que sin embargo disimula la amargura del discurso. Así el terror abstracto de la existencia entra mejor. Rubén se parte la frente contra el espejo, que le devuelve malformaciones interiores: ¡Qué ciego he estado! / ¡Qué enfermo de ego, / de odio barato y cerril! / A veces provengo del ogro, soy vil, / un monstruo y escondo un muerto en el jardín. Temeroso de lo que pueda ser realmente la pureza, o sea de uno mismo, el corazón suplica vacunas. Ya vengan de farmacéuticas mentirosas (Echa unas gotas de tu artificio / Haz demagogia, amor y dale ritmo) o de consuelos naif  (Echa unas gotas de tu hechizo / Haz tu magia, love, y dale ritmo). Hay días que no hay que mirar el fabricante del motor, con tal de que arranque la comedia.

 

Escorzo

Ahí, ahí. Rueda de acordes de confidencia: Juicio de introspección / Mierdas de ayer. El amor es una mórbida imagen de advertencia en una cajetilla de tabaco tirada, arrugada, en escorzo, definitivamente vacía… No me dio ni pa’ un blues / todo lo vivido. Rubén, después de Lichis, cita al padre dandi Baudelaire “bajo las oleadas de tabaco que enmascaran el cielo raso” hasta que Tuli, primer batería de Pereza, disipa el humo batiendo su saxo.

 

Haciendo lo mío

Nostalgia cochina. Hace nueve años, Rubén cantaba con energía: Por verte desaparecer / me hacía mago / Chavalita, ¿Es que no lo ves? / ¡La que has montado! Hoy toca la reivindicación y el lamento por su voz, antaño evitada: Qué tristeza sin oírte decir: / “esas manos, chavalito”). Si en su día mendigaba magia para que ella se fuera, ahora practica ritos chamánicos de Gin club para lo contrario: doy ritmo a la coctelera / invocando tu presencia / como un mago del teletienda. Diez años de carrera (empieza el día con energía / de quien abandona a medio maratón) en solitario (haciendo lo mío / y no lo nuestro) dan para girar (qué desperdicio de fecha es esta / que se ha quedado) demasiado (Este sol ya me lo sé) sobre los sentimientos (no es de seda esta cama deshecha / con gusano acurrucado). La electricidad se mece con el tiempo, chavalito.

 

Vampiro

Una cortinilla de thriller de terror de serie B hacia el folclore del roquero insomne. VAMPIRO se cierra con Vampiro, que es un homenaje a la naturaleza noctámbula. Vivo de noche como un vampiro / cuando todos duermen estoy mejor / oh, no necesito más. Las criaturas de la música aletean por una corriente de cueva entre la decepción (no pude cambiar el mundo) y el orgullo (no cumpliré condena). Lo que sí hay que procurar es que la oscuridad imbuida de la noche no provoque daños colaterales: Proyectar en el de al lado / fracasos, carencias, miedos. Y es que si la voluntad es adecuada es mejor obviar su resolución, porque te suelen remontar en el descuento: La intención era buena / pero así es el fútbol. Al final solo le queda, al que tiene el talento para hacerlo, volcarlo todo en una canción. Volcarlo todo, lo que escapó al control / y lo provocado, en un bar abandonado con esculturas de teclado y guitarra donde los murciélagos revolotean alrededor de la luz rota sobre el billar.

Yo me piro. Ahí te quedas.

Sobre Damián

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