TÜNDRA – BASTARDÜS

Hoy vamos a empezar con un ejercicio de imaginación. Estamos en plena expansión del Imperio romano. Somos miembros de la legión, y hemos cruzado media Europa, desde Roma hasta el canal de la Mancha. Desembarcamos en la tierra de los pictos, un poco acongojados por las leyendas que se oyen de esa gente (pueden curar cualquier herida, son mitad hombre mitad espíritu del bosque…) y seguimos caminando hasta entrar en batalla con ellos. Van pintados de arriba abajo, con la melena y la barba creciendo enmarañadas. Dejan el kilt, que es la joya de la familia, en lugar seguro y empiezan a correr hacia nosotros completamente desnudos blandiendo sus espadas y gritando como locos. ¿Qué está sonando de fondo? One, two, three… ¡Bagpipes!

Alistuania. Empieza una zanfona eléctrica muy tenue para ir poco a poco metiendo a sus compañeros. Es una mezcla entre Luar na Lubre y Sôber. Llevo un minuto y medio y aquí huele a guerreros celtas. Las guitarras llevan un ritmo machacón, reforzando la melodía principal de los vientos.

Blue pepper. Una percusión monolítica sirve de sostén a la canción, que va poco a poco enriqueciendo la melodía. Tiene toques mozárabes, o estoy alucinando, no lo sé, pero podría estar tranquilamente en una película de acción, con el agente de la CIA en cuestión infiltrándose en un zoco de Estambul. Ese violín entra como un cañón, se lleva por completo la atención, lo que hace que al entrar el resto de instrumentos te quedes mirando al techo, como si quisieras pedir una explicación.

Mambrú. La canción decía Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena… era por una canción burlesca que los franceses le dedicaron a su enemigo el Duque de Marlborough, a pesar de la derrota a manos inglesas. Empieza más que nada tranquila con la gaita, pero la batería coge un ritmo marcado que lleva la canción al galope hacia unos violines animosos.

Entradilla 2.0. Cambio de estilo por completo. Ahora son las cuerdas las que marcan la base de la melodía y la flauta la que pone los tonos alegres de la canción. Un interludio animoso, de fiesta medieval.

Bailes corridos. Una flauta travesera melancólica nos da la entrada y me viene a la cabeza un par de cintas viejas de los Ñu, qué abandonadas las dejé cuando descubrí el heavy metal que te vuela la cabeza. La nyckelharpa subraya a los vientos, como si le hiciera los coros.

Bailes de procesión. Debajo la base de la flauta y el nyckelharpa, la distorsión de la guitarra le da un peso tremendo, pierde el aura melancólica para ganar potencia, y se convierte casi en una especie de himno de batalla. Parece la música que sonaba en las marchas, trasladando tropas cuando el motor de combustión era poco menos que una quimera brujeril.

Tündra

Bastardüs. Da nombre al disco y se nota. Me encanta la guitarra, acompasada con la batería, un tempo muy marcado, y la zanfona y flautas entrando y revelando la base de la canción unos compases. ¿Soy el único que se imagina una película de suspense sonando esto de fondo?

Lonely woman. Emplean los mismos ingredientes, música celta con una base rockera de batería y guitarra eléctrica, pero no quiere decir que se repitan ni muchísimo menos que cansen. Hacen un guiño al call of Kthulu de Metallica que me pone los pelos de punta, con la guitarra ardiendo por debajo de los instrumentos de viento.

Fandango – Jota. Cada uno tiene con la música las conexiones emocionales que le da la gana. Yo no tengo ni idea de jotas, pero cada vez que escucho una me sonrío y pienso en mi abuelo, que se sabía medio millón. Pues esta banda ha conseguido que una jota suene a música celta, a Galicia, o que Luar na Lubre suene a alguna de las que cantaba mi abuelo.

Tarantismo. ¿Será por Tarantino? El caso es que un aire sí que tiene un airecito a algún lance de Jackie Brown, o en Pulp Fiction… una base fuerte de zanfoña y una flauta que hace que lo silbes sin querer. Me recuerda a alguno de esos interludios que ponían los Celtas Cortos en los conciertos, esas canciones instrumentales donde sacaban poderío antes de seguir con el repertorio. Ejemplo: Nos vemos en los bares.

El sol le dijo a la luna. Se nos empieza a escapar de entre los dedos el disquito. Aquí hemos bajado el tempo y tiene una estructura similar a Bastardüs. Una base dura con las cuerdas y unos vientos que tienen cierto aire solemne y algo taciturno.

Mit Günstlichem Herzen. Con diferentes corazones para los no iniciados en la lengua de Goethe. Va ganando poco a poco decibelios y la guitarra toma unas notas menos contundentes. Tengo en mente el ein Lied de Rammstein, con más violines y sin la cavernosa voz de Till Lindemann, pero tienen ese aura de última canción y despedida.

Cincuenta minutitos que se me han escurrido como agua entre los dedos y tengo que dar una valoración. Cierto es que no soy objetivo. Me encanta la música celta, aun siendo profano en el tema. Y más si le pones una percusión/batería poderosa y un poquito de guitarreo eléctrico. Tienen algo que huele a las highlands, que suena a llamada a las tropas de William Wallace, que transmite ese coraje y esa entereza de los guerreros celtas, que les da igual ganar o perder. Tündra, una banda para defender el territorio del invasor romano.

Antes de despedirme, agradecer a la banda dejarme destripar el disco y descubrirme instrumentos que no sabía ni que existían. Los enlaces:

Tundraband.com

https://www.youtube.com/channel/UCRmhM6opjFOfrIWkBv6PL_g

info@tundraband.com

https://www.facebook.com/tundrafolk/?fref=ts

Sobre Teodoro Balmaseda

Escritor de ficción y crítico desde la admiración. Si te gustan mis reseñas, prueba 'Buscando oro' en tu librería o ebook.

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